La Inmaculada Vigilia de este año coincide con la reciente muerte de Abelardo de Armas, un predicador durante muchos años en estas celebraciones en honor a la Virgen

Madrid, diciembre de 1947. Comienza en Madrid, con la ayuda de un pequeño grupo de personas dirigido por el jesuita Tomás Morales, una vigilia en honor a la Inmaculada en la víspera de su fiesta. Han pasado 72 años y el Immacolata Veglia ya se ha convertido en una tradición que se ha extendido a España, América Latina e incluso en algunos países de Europa Central.

La estructura de las vigilias gira en torno a la Eucaristía y a la oración del rosario, además del testimonio de un laico particularmente importante Fue allí donde apareció muy temprano la figura de Abelardo de Armas, cofundador del padre Morales de los Cruzados de Santa. María, fallecido el 22 de noviembre. "Durante muchos años Abelardo fue el alma de las vigilias. Los días anteriores, la gente se preguntaba qué tema tocarían ese año. Se esperaba ", dice Segura.

De hecho, Abelardo fue "un hombre muy simple que dedicó su vida a la formación de los jóvenes y a facilitar su reunión. Dios sobre todo a través de ejercicios espirituales ».

Quien formó "un tándem" con el padre Morales fue un laico que cumplió 21 años en algunos ejercicios, y desde ese momento recurrió a la evangelización, especialmente con los más pequeños. Pasó su vida en una multitud de sesiones de entrenamiento, una vez al mes de por vida, en campamentos y actividades de entrenamiento.

Abelardo era "un hombre de corazón. No era un intelectual, porque sus estudios eran elementales, pero Dios llenó su vida y esa experiencia luego logró transmitirla ». La música fue uno de sus instrumentos y hoy se conservan tres álbumes con 33 de sus canciones, en las que transmite «una espiritualidad que se traduce en cosas simples, en una línea de Santa Teresa, porque habló de la espiritualidad de manos vacías, bajando, la mística de la miseria… »dice Javier Segura.

El 17 de febrero de 1981, en el convento carmelita de Duruelo (Segovia), recibió una gracia muy especial. Lo dijo así: "La gracia que recibí es que no tengo ningún acto de virtud. Sé que nada bueno que hago es mío. Y no solo no tengo actos de virtud, no los quiero. No quiero tener virtud. Quiero que mi única virtud sea la confianza que proviene de su virtud: a partir de ese momento, la mayor gracia para mí fue no estar abierto al desánimo, sin importar la miseria que contemple en mí mismo.

Vigilia de la Inmaculada en la Basílica de María Auxiliadora de Madrid, en 2018. Foto: Archimadrid / Irene Arrazola e María vela

La gracia de la pobreza

A la edad de 51 años, se dio cuenta de que "había venido al mundo sin mérito, y quería ir al cielo incluso sin mérito, sin galones. Esa espiritualidad de los grandes místicos se lo ofreció a los jóvenes y los laicos en su vida cotidiana, a través de un" intensa vida de unión con el Señor.

El carisma de Abelard no pasó desapercibido y algunos obispos propusieron ingresar al seminario para convertirse en sacerdotes, pero "era consciente de la importancia de ser un laico en medio del mundo y de santificar el mundo desde cualquier lugar. Estaba enamorado de su vocación ».

A corta distancia, Abelardo era "un hombre siempre afable y cordial, cercano y afectuoso. Tenía mucho sentido del humor y siempre contaba chistes. Ha hecho la vida placentera para los demás. Pudo hablar con fuerza y ​​convicción a cientos de personas, pero su trabajo principal era usted, especialmente con los más jóvenes. Pasé tardes enteras recibiendo niños para hablar con ellos, dar un paseo con ellos, ofreciéndoles orientación espiritual y orientación para sus vidas.

Abelardo ha dejado una marca concreta en muchos jóvenes. En el funeral que celebró hace unos días, se escuchó a muchos decir: "¡Qué bueno fue para mí en mi juventud!"

Intención misionera

En Madrid, la Vigilia Inmaculada llevará consigo el lema. Unidos con María, llamado a la misióny tendrá lugar este sábado 7 de diciembre, a las 9.00 pm, en la Catedral de la Almudena, presidida por el cardenal Carlos Osoro; en la basílica hispanoamericana de La Merced, presidida por el cardenal Rouco, y en el santuario de María Auxiliar, presidido por Mons. Martínez Camino. En una carta con motivo de este día, el cardenal Carlos Osoro convoca a los lugareños para unirse a esta vigilia "para contemplar María como el que recibe el llamado del Señor y responde generosa y radicalmente a la misión que le ha sido encomendada, dando la suya y absolutamente estableciendo el plan de Dios".

Juan Luis Vázquez Díaz-Butler

Fecha de publicación: 05 de Diciembre desde 2019

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