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¿Cómo los cristianos del siglo XXI pueden adoptar el espíritu de los primeros cristianos?

¿Cómo podemos seguir el ejemplo de los primeros cristianos para mantener la fe en medio de la sociedad actual?

El famoso elogio de Tertuliano, “Mirad, cómo se aman”, resume la Apología, un llamado revolucionario y desafiante para mirar a los primeros cristianos y permitirnos ser impactados por sus vidas. Resulta curioso que, recientemente, mi interés en estos “primeros cristianos” ha sido avivado nuevamente. Después de releer “Los primeros cristianos en Roma” escrito por Jerónimo Leal, profesor de Patrología en la Universidad de la Santa Cruz en Roma, envié mi artículo “Iglesia sinodal y primeros cristianos”, que fue publicado apenas un día antes de recibir un regalo de un amigo, Gabriel, quien me obsequió “El ejemplo de los primeros cristianos” (EUNSA, 2023), una recopilación de sus trabajos publicados en www.primeroscristianos.com. Esta convergencia de hechos en torno a los protagonistas de la Iglesia naciente, me ha impulsado a compartir mis reflexiones acerca de ellos para inspirarnos a emular su ejemplo y extraer lecciones vitales para nuestra fe. Es innegable que si lo que fue esencial en sus vidas no encuentra eco en las nuestras, la Iglesia estaría destinada al fracaso. No obstante, como afirmó su Fundador, “las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 18). Sin embargo, es imperativo analizar cuáles fueron precisamente esas claves que aseguraron la supervivencia del mensaje cristiano y su capacidad de resistir en el tiempo, enfrentándose a multitud de adversidades.

En aquellos tiempos, la Iglesia experimentó tempestades tumultuosas, como las aguas confusas de ideologías modernas y costumbres neo-paganas, que intentaban socavar sus fundamentos. Estos vientos, si bien son los mismos que atormentaron a los primeros cristianos, ahora se presentan bajo una apariencia más seductora y engañosa, pues el maligno prefiere ocultar su verdadero rostro tras disfraces atractivos. Ante esta situación, es fundamental recordar tanto los elementos que favorecieron la supervivencia del mensaje cristiano como las fuerzas que se alzaron en su contra. Los primeros cristianos abrazaron una vida cotidiana en completa coherencia con la de Cristo, desafiando así los estándares y costumbres paganas de su época, como lo expresó san Pablo: “hacedlo todo (…) sin tacha, en medio de una generación depravada y perversa” (Fil 2,15). Esta convicción los llevó a vivir en el mundo, pero no ser del mundo, tal como lo evidenció una carta dirigida a un tal Diogneto, la cual resaltó la admirable conducta de los cristianos en medio de una sociedad que no les era ajena.

Otro aspecto fundamental de la vida de los primeros cristianos fue su firme convicción de que Cristo vivía en su interior y se manifestaba a través del amor, que a su vez se plasmaba en sus obras. Tertuliano destacó esta cualidad en su Apología al exclamar: “Mirad, cómo se aman”. Asimismo, cada cristiano se vio impactado por el amor de Dios personificado en Jesús, lo que les llevó a experimentar un encuentro transformador que trascendió su vida cotidiana. Este amor encarnado se convirtió en una llama visible que iluminó a quienes los rodeaban. Sin embargo, la vida de los primeros cristianos no estuvo exenta de peligros y desafíos. Las persecuciones cruentas y el riesgo de adulterar el mensaje cristiano con falsas doctrinas, como el gnosticismo, representaron serias amenazas. Tertuliano señaló que “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”, evidenciando así la valentía y firmeza de los primeros cristianos ante la persecución. Por otra parte, el riesgo de corromper la verdad con falsas doctrinas, especificamente el gnosticismo, puso a prueba la solidez del mensaje cristiano. Sin embargo, este “caballo de Troya” no logró penetrar en la Iglesia, y la antorcha de la fe ha llegado hasta nosotros, desafiando a las modernas ideologías que buscan socavarla. Con la gracia de Dios, el testimonio de los primeros cristianos seguirá prevaleciendo en nosotros, los cristianos del siglo XXI.

Con información de PrimerosCristianos.com