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¿Cuál es el valor del sufrimiento en la oración y aceptación?

¿Cómo el sufrimiento puede llevarnos a la redención y la santificación según la Pasión de Jesús?

Presencia divina – Oh Señor Crucificado, enséñame la Sabiduría de la Cruz; hazme comprender el valor del padecimiento.
Meditación sobre la aflicción
La Pasión de Jesús nos enseña de forma concreta que en la vida Cristiana debemos aprender a aceptar el padecimiento por el amor a Dios.
Esto es complicado, una repulsiva lección para nuestra naturaleza, la cual prefiere el gozo y la alegría; sin embargo, viene de Jesús, el Maestro de la verdad y de la vida, el cariñoso Maestro de nuestras almas, que desea solamente nuestro verdadero bien. Si Él nos encomienda el padecimiento, es porque el padecimiento contiene un gran tesoro.
El padecimiento es por sí mismo algo del mal y no resulta placentero; pero si estamos dispuesto a soportarlo en toda su plenitud y si Él nos lo ofrece, invitándonos a valorarlo y a amarlo, es solo en virtud de un bien superior que no puede alcanzarse por ningún otro medio, el bien sublime de la redención y la santificación de nuestras almas.
Aunque el hombre, por su doble naturaleza, está sujeto al padecimiento, Dios quiso eximir a nuestros primeros padres de él por sus dones sobrenaturales; pero debido al pecado, estos dones se perdieron para siempre, y el padecimiento inevitablemente entró en nuestra vida.
La gama de padecimientos que ha acosado a la humanidad es el resultado directo del desorden causado por el pecado, no sólo por el pecado original, sino también por los pecados actuales.
Aun así, nuestra Iglesia canta: “¡Oh, culpa feliz!” ¿Por qué? La respuesta reside en el infinito amor de Dios que transforma todo y extrae, de la doble maldad del pecado y el padecimiento, el gran bien de la redención de la raza humana.
Jesús y el padecimiento
Cuando Jesús tomo en sí mismo los pecados de la humanidad, también asumió las consecuencias, eso es, el padecimiento y la muerte; y este padecimiento, abrazado por Él durante toda su vida, y especialmente durante Su pasión, se convirtió en un instrumento para nuestra redención.
El dolor, el resultado del pecado, se convierte en Jesús y con Jesús, en el medio para destruir al mismo pecado. Por lo tanto, un Cristiano no puede considerar el dolor solo como una carga indeseable de la cual debe necesariamente alejarse, sino que debe ver en él, más que todo un medio de redención y santificación.
Diálogo con Jesús
Oh Señor, A ti no te gusta hacernos sufrir, pero Tú sabes que es la única forma de prepararnos para conocerte como Tú nos conoces, para prepararnos a volvernos como Tú.
Tú sabes bien que si me envías tan solo la sombra de una felicidad terrenal, yo me aferraré a ella con toda la intensidad del ardor de mi corazón, y entonces mejor me niegas incluso esta sombra… porque Tú deseas que mi corazón sea completamente tuyo.
La vida pasa tan rápido que es obviamente mejor tener la más espléndida corona y un poco de padecimiento, que una corona ordinaria sin padecimiento.
Cuando pienso en eso, por un dolor nacido del padecimiento, yo debería ser capaz de amarte más por toda la eternidad, comprendo claramente que, si me das el universo entero, con todos sus tesoros, no será nada en comparación al pequeño padecimiento.
Cada nuevo padecimiento, cada angustia del corazón, es un viento suave para llevarte, Oh Jesús, el perfume del alma que te ama; cuando sonríes amoroso e inmediatamente alistas un Nuevo dolor, y llenas la copa hasta el borde, pensando que entre más crece un alma en el amor, más deberá crecer en padecimiento también.
¡Qué favor, mi Jesús, y cuánto debes amarme como para enviarme el padecimiento! La misma eternidad no será lo suficientemente larga para bendecirte por ello. ¿Por qué esta predilección? Es un secreto que me revelarás en nuestro hogar celestial en el día en que tu enjugarás todas mis lágrimas.
Señor, Tú me llamaste a este padecimiento, a esta tristeza… Tú necesitas esto para las almas, para mi alma.
Oh Jesús, desde que me has hecho comprender que me darás almas a través de La Cruz, entre más cruces me encuentre, más ardiente se volverá mi sed por el padecimiento.
Yo soy feliz no de ser libre del padecimiento aquí; el padecimiento unido al amor es la única cosa que parece deseable para mí en este valle de lágrimas” (Santa Teresita del Niño Jesús, Cartas 32, 50, 23, 40, 58, 224- Historia de un Alma)”.