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] ¿Cuál es la importancia de la fe católica en la vida diaria y cómo podemos vivirla plenamente?

¿Qué hacen las riquezas del Vaticano y las iglesias para servir a los pobres y preservar el patrimonio cultural?

¿DONDE SE ENCUENTRAN LAS FORTUNAS DE LA CIUDAD DEL VATICANO?

Eligio Jordi Rivero: ¿Por qué la Iglesia no destina su abundancia de bienes a la alimentación de los necesitados?

Esta cuestión da lugar a otra: ¿A qué bienes se refieren exactamente? Es verdad que la Ciudad del Vaticano posee un notable esplendor artístico. También es cierto que a lo largo de la historia ha habido Papas y obispos que han acumulado riquezas. Sin embargo, en el último siglo la Iglesia ha sido bendecida con la presencia de Papas santos y humildes.

Como centro de la Iglesia Católica, el Vaticano es la sede del Papa y se le ha encomendado la misión de gobernar la Iglesia universal. Gobernar incluye enseñar, evangelizar, administrar y servir. Si se tiene en cuenta todas las actividades que el Vaticano lleva a cabo, se puede concluir que es un modelo de eficiencia. Realiza muchas labores con recursos bastante limitados. Aquellos que critican la abundancia de la Ciudad del Vaticano sencillamente desconocen de lo que hablan.

La Ciudad del Vaticano posee un museo muy conocido, pero ese museo no es propiedad del Papa. Más bien, la Iglesia tiene la responsabilidad de conservarlo en calidad de patrimonio de la humanidad. Millones de personas lo visitan cada año y no se les pregunta acerca de sus creencias religiosas.

Por su parte, la Basílica de San Pedro y las demás basílicas también son patrimonio de la humanidad. Todos pueden entrar en ellas sin necesidad de pagar. Sin embargo, la Iglesia debe hacerse cargo del mantenimiento de estos templos. Cabe mencionar que entre los bautizados hay gran cantidad de personas que viven en condiciones de pobreza; por consiguiente, la Ciudad del Vaticano también les pertenece a ellos. Personalmente, conozco sacerdotes y religiosas que viven como misioneros entre las personas más necesitadas del mundo. Han renunciado a todo para servir a los pobres. También soy consciente de la labor de profesionales laicos que dedican sus vacaciones a ayudar a los desfavorecidos. Sin embargo, aquellos que critican “las riquezas de la Ciudad del Vaticano” jamás los mencionan. Tampoco hacen referencia a la labor de caridad de la Iglesia católica, que es la organización no gubernamental más grande del mundo en este ámbito y es sumamente eficaz en su tarea de asistencia. Para descubrir la verdad al respecto, basta con investigar en tu propia ciudad la labor que desarrolla la Iglesia en favor de los más necesitados y conocer el trabajo de las parroquias, de las religiosas, de las organizaciones benéficas de la Iglesia y de los laicos comprometidos. Todos ellos forman parte de la Iglesia.

Por supuesto, siempre habrá personas que no den buen ejemplo, pero también habrá santos. Cada individuo será juzgado según su propio grado de entrega.

Se ha acusado a la Iglesia de ser rica debido a la excelencia de sus numerosos templos. No obstante, se olvida que los templos son sagrados porque están dedicados a Dios y es en ellos en los que se lleva a cabo el culto divino. Los cristianos desean reflejar en las construcciones el amor y respeto que le deben a Dios. Nada puede ser más importante que el culto divino. El mantenimiento de los templos es responsabilidad de todos, y no solo de los clérigos o los obispos.

Dicho culto no significa evadirse de las realidades del mundo, sino, por el contrario, se trata de encontrar a Dios y comprender las exigencias de amor sobrenatural que Él nos pide para con los más necesitados. Y aun si se mirase desde un punto de vista puramente material, el costo de construir y mantener los templos no empobrece sino que enriquece. La construcción de templos genera empleo, ya que requiere mucha mano de obra, y son una de las pocas obras que los propios pobres que los construyen pueden disfrutar como si fueran suyos, pues ellos mismos asisten a las iglesias con sus familias. Los templos son lugares en los que los pobres saben que son bienvenidos.

Además, la longevidad de los templos significa que sobreviven durante siglos, enriqueciendo a numerosas generaciones. ¿Qué serían nuestras ciudades hoy en día si no contaran con las bellas iglesias que nuestros antepasados construyeron?

Los templos son lugares de oración, centros religiosos de la comunidad y patrimonio cultural de la humanidad. Sus beneficios no se pueden calcular tan solo en términos económicos.

La esperanza de la humanidad reside en encontrar a Dios, en la conversión y en el culto a Él. Es la experiencia de fe la que da lugar a aquel nuevo ser humano capaz de trabajar por un mundo más justo, en el que la pobreza sea vencida. Si se tiene en cuenta la longevidad de los templos y la gran cantidad de personas que acuden a ellos durante generaciones, entonces se puede ver que los gastos destinados en su construcción son recursos aprovechados de manera óptima.

Deberíamos cuestionarnos cuál es la verdadera razón detrás de las críticas hacia los templos. ¿No será, en muchos casos, la misma queja de Judas ante el derroche de perfume cometido por aquella mujer agradecida? En esa ocasión, Jesús respondió: “¿Por qué molestáis a esta mujer? Porque ha hecho una ‘buena acción’ conmigo. Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis.” (Mateo 26,10-11)

Ciertamente, no era que a Jesús le faltara amor por los pobres. Los templos no son los causantes ni los mantenedores de la pobreza; más bien, el problema radica en que muchas personas no acuden a ellos o asisten sin dejar que sus corazones sean transformados. Precisamente cuando el hombre se aparta de Dios, es entonces cuando surgen la impureza, la corrupción, los vicios, el egoísmo, el robo, el fraude, la indolencia, entre otros males. Solo cuando se pone a Dios por encima de todo, es posible librarse del pecado y de las injusticias sociales. Es precisamente en los templos donde se liberan de dichas cargas.

Es necesario conocer y poner en práctica la justicia social que enseña la Iglesia y que debe ser aplicada a todos los bautizados. En unión con los templos, como se destaca en el documento Ecclesia de Eucharistia, 48, del Papa Juan Pablo II, se manifiesta la fe de la Iglesia en el Misterio eucarístico, que se ha expresado a lo largo de la historia no solo mediante una actitud interior de devoción, sino también a través de diversas expresiones externas que han sido establecidas para invocar y resaltar el gran acontecimiento que se celebra.

Como tal, se requiere de un esfuerzo significativo para expresar de manera adecuada la acogida del inmenso don que el Esposo divino concede continuamente a la Iglesia Esposa, poniendo al alcance de todas las generaciones de creyentes el sacrificio ofrecido una vez por todas sobre la Cruz y convirtiéndose en alimento para todos los fieles. Aunque inspirada por la familiaridad de un “convite”, la Iglesia nunca ha cedido ante la tentación de banalizar esta “cortesía”, olvidando que Jesús también es Dios y de que el “banquete” sigue siendo un acto sacrificial, marcado por la sangre derramada en el Gólgota.

Debido a este alto sentido de misterio, se explica la evolución en la reglamentación de la liturgia eucarística que se ha dado en la historia y en respeto a las distintas tradiciones eclesiásticas legítimamente establecidas. Sobre dichas bases, se ha establecido una variedad de liturgias eucarísticas de acuerdo a las tradiciones, lo que ha conducido a la creación de un…

Con información de Corazones.org