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¿Cuándo y cómo comienza a vivirse el Adviento?

¿Cómo vivir con piadosa y alegre expectación la llegada del Hijo de Dios en el tiempo de Adviento?

A lo largo del siglo IV, el término adventus fue acuñado a partir de su uso en la lengua latina clásica en la literatura cristiana de los primeros siglos de la vida de la Iglesia, probablemente designando la venida del Hijo de Dios al mundo, tanto en su encarnación como en su parusía. La tensión entre estos dos significados continuó a lo largo del tiempo, y el término adventus evolucionó para designar un momento de preparación para la venida. A pesar de las dificultades para organizar un tiempo litúrgico, el ciclo de Adviento se incorporó al año litúrgico en el siglo V. Aparecieron las primeras menciones de la celebración del tiempo litúrgico del Adviento en el canon 4 del Concilio de Zaragoza en el año 380, que se describe como veintiún días de preparación a partir de las XVI calendas de enero (17 de diciembre), con la prescripción de asistir al culto diariamente durante esos días.

Más tarde, en los concilios de Tours y Macon, se habla de observancias existentes “desde antiguo” para la preparación de Navidad, con referencias a la tradición de ayunos antes de Navidad, que incluía ayunos durante el mes de diciembre hasta Navidad. Las primeras noticias acerca de la celebración del tiempo litúrgico del Adviento se encuentran en la iglesia de Roma en el siglo VI. Este Adviento romano inicialmente comprendía seis semanas, pero se redujo a las cuatro actuales en el pontificado de Gregorio Magno.

El significado teológico original del Adviento ha sido objeto de distintas interpretaciones. Algunos autores consideran que la liturgia de Adviento preparaba para la celebración litúrgica anual del nacimiento de Cristo, y solo más tarde su significado evolucionó para incluir la espera gozosa de la segunda venida del Señor. Otros autores consideran que el Adviento comenzó como un tiempo de preparación para la segunda venida de Cristo. Sin embargo, la superposición entre ambas interpretaciones ha sido tan íntima que resulta difícil atribuir uno u otro aspecto a las lecturas escriturísticas o a los textos eucológicos de este tiempo litúrgico.

El Calendario Romano actualmente en vigor conserva la doble dimensión teológica que constituye al Adviento en un tiempo de esperanza gozosa. Este tiempo tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por ambas razones, el Adviento se nos manifiesta como tiempo de expectación piadosa y alegre.

En conclusión, el Adviento es un tiempo de preparación profunda y significativa que se centra en el misterio de la Natividad de nuestro Señor Jesucristo. La venida del Hijo de Dios a la Tierra ha sido preparada por siglos y esta espera es actualizada anualmente por la Iglesia a través de la liturgia del Adviento. Los fieles renuevan su ardiente deseo de la segunda Venida del Salvador y celebran la esperanza piadosa y alegre que este tiempo litúrgico representa.

Con información de PrimerosCristianos.com