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Misa en honor a Antonio Aradillas en la parroquia de Nuestra Señora de la Esperanza tras 50 años de dedicación

¿Cómo describió el padre José María Martín a Antonio Aradillas durante la misa íntima y emotiva?

La Iglesia de Nuestra Señora de la Esperanza, en la Ciudad de los Periodistas de Madrid, fue el escenario de un emotivo homenaje a Antonio Aradillas, quien falleció el pasado día 4. Durante más de cincuenta años, Antonio ofició misas en este templo, regentado por los PP. Agustinos, y sus compañeros y amigos se congregaron para celebrar una misa íntima en su honor, oficiada por su gran amigo y compañero, el padre agustino José María Martín.

La ceremonia fue un momento de profunda emoción, donde el padre José María Martín recordó a Antonio como una gran persona, por encima de su faceta de sacerdote, periodista y escritor. Los asistentes abarrotaron la capilla, donde siempre acudía Antonio, celebrando misas diarias a primera hora de la mañana. Fue un homenaje merecido para una persona que nunca dejó de creer y soñar, como lo demostraron los cerrados aplausos al final de la misa.

El padre José María Martín compartió una hermosa homilía en la que destacó la coherencia y la rebeldía de Antonio en su relación con la Iglesia. A pesar de no estar siempre de acuerdo con algunas prácticas de la Iglesia, Antonio siempre estuvo identificado con el espíritu del Concilio. Amaba a la Iglesia y buscaba su bien, a pesar de enfrentar problemas y ser suspendido a divinis en 1982. Sin embargo, siempre contó con el apoyo de sus compañeros de la parroquia, en particular del párroco Ángel Baños, quien le apoyó en todo momento. Antonio recordaría y agradecería este acompañamiento hasta el final de sus días.

Antonio Aradillas fue un fiel trabajador incansable que predicaba con el evangelio en una mano y el periódico en la otra, conectando siempre con la actualidad. Su amor por la Iglesia lo llevó a escribir 95 libros, tratando temas como la dignidad de la mujer en la Iglesia y la renovación de la misma. Siempre soñó con una Iglesia diferente, que rompiera moldes trasnochados, y valoraba el esfuerzo del Papa Francisco por lograr esta renovación.

A pesar de no ser always estar de acuerdo con él, Antonio mantenía su amistad con muchos parroquianos y compartía tertulias los domingos después de la misa de las 9. Su incansable labor y su lucha por una Iglesia samaritana en salida reflejan su compromiso con la fe y su deseo de que la Iglesia esté en sintonía con los principios del evangelio de Jesús. Descansa en paz, Antonio, tu legado perdurará en la lucha por una Iglesia más misericordiosa y hospitalaria, como nos pide el Papa Francisco.

Con información de ReligionDigital.org