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¿Qué cosas suceden al adorar al Santísimo Sacramento de la Eucaristía?

¿Cómo puedes encontrar la humildad y la santidad al adorar al Santísimo Sacramento de la Eucaristía en la iglesia católica?

De todos los dones que Dios le ha entregado a su Iglesia, el más sobresaliente sin duda es el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Al reverenciar al Santísimo Sacramento, ocurren eventos asombrosos, porque ahí se encuentra el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jescristo mismo nuestro Señor.

En la Custodia Eucarística, nuestro Divino Redentor mora entre los mortales con toda su opulencia. Él es el Verdadero Dios presente. ¿Existe algo más grandioso que esto?

Si el Santísimo Sacramento es Jesús mismo, y la santidad se logra al emular a Cristo, entonces el Santísimo Sacramento es una institución de santidad.

Hoy quiero dedicar unos momentos para reflexionar y adorar a Jesús en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía y sobre lo que su Presencia nos puede enseñar acerca de dos cosas: santidad y masculinidad.

1. Sencillez.

En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, podemos apreciar la profunda sencillez de Jesucristo. Aquí, la Eterna Sabiduría de Dios que hizo todas las cosas, la majestuosidad del Padre Eterno, nos permite el acceso en la forma del alimento más modesto.

Después de todo, el pan es un alimento sencillo, la comida del pobre. Y no es comparable a un corte de carne; el pan es casi siempre servido como complemento y rara vez nos percatamos de él.

Si vamos a emular a Jesús, debemos primero y ante todo practicar la sencillez. El siervo no es más grande que su amo.

Debemos contentarnos con pasar desapercibidos, no ser alabados ni ser apreciados. Debemos dar toda la Gloria a Dios, eligiendo ser sencillos e insignificantes, como una pieza de pan.

2. Calma.

El hombre siempre ha anhelado tranquilidad interna, la cual se demuestra más con hechos que con palabras vacías. En la Custodia Eucarística, Jesús nos recibe en total serenidad. Él está presto a escuchar todo lo que le tengamos que decir, y solamente contestará cuando hayamos callado nuestro corazón y estemos en total silencio como él lo está.

Y finalmente, Él estará presto a actuar en nuestro favor solamente si tenemos confianza en sus promesas.

Los santos constantemente practican la virtud de la calma, y nosotros hemos sido advertidos que seremos juzgados por cada palabra ociosa que hayamos dicho. ¿Hemos malgastado palabras? O mejor aún, ¿hemos escuchado a nuestro prójimo?

Como personas, frecuentemente nos esforzamos en escuchar, y así, escuchar es un acto de amor. Escucha a tu esposa o esposo o a aquellos que se encuentran a tu alrededor que pudieran estar desesperados por alguien que les ponga atención.

3. El Carácter Sagrado del Santísimo Sacramento .

Casi todos los milagros eucarísticos registrados tienen la característica de haberse convertido en la carne de un corazón humano. Esto no es accidental.

En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, el corazón latiente de Cristo se encuentra ardiendo de amor por nosotros, y está esperando nuestro amor como respuesta.

En la cruz, Cristo literalmente murió con el corazón partido por amor hacia la humanidad pecadora, vaciando su Preciosísima Sangre para ganar nuestro afecto.

Sí, más que nada, es el amor lo que Jesús más desea de aquellos a los que ha redimido, y si hubiese sido necesario hacer más para asegurar esto, Él lo hubiese hecho.

¿Amas a Cristo? Si es así, obedécelo y carga tu cruz ante Él. Lo imitarás entregando tu vida por otros en sacrificio de amor.

4. Sensibilidad.

En la custodia, Cristo está completa y totalmente sensible. Con demasiada frecuencia es maltratado y abusado, ignorado y difamado, tratado con descuido y sin dignidad. Y aún así, es el precio que Él está dispuesto a pagar por vivir entre su gente.

No le importan las veces en que ha sido profanado, pisoteado, figurativa o literalmente; Él continúa viniendo hacia nosotros una y otra vez diciendo: “Nunca me apartaré ni los abandonaré”

Y nosotros, ¿amamos de esta manera? ¿Abrimos nuestro corazón a otros a pesar de que sabemos que sufriremos el dolor de ser rechazados? ¿Acaso perdonamos 70 veces 7? No podremos amar si cerramos nuestro corazón por miedo. Debemos ser valientemente sensibles, como Cristo.

5. Tolerancia.

Cristo espera pacientemente por ti y por mí en los tabernáculos y en las custodias alrededor del mundo. Él esperaría una eternidad por tan solo una visita.

Él nos espera arrepentidos cuando nos hemos extraviado; Él espera nuestras palabras de lealtad y afecto; nos espera para escuchar nuestros gozos y penas; nos espera para responder a nuestros más profundos deseos.

Como Cristo, también debemos tener paciencia para con otros, especialmente con aquellos que menos lo merecen o que ponen a prueba nuestra paciencia tan seguido… También debemos esperar con corazones llenos de perdón para aquellos que nos han lastimado o nos han abandonado.

6. Desprendimiento.

Durante su vida en la tierra, Cristo fue totalmente desprendido. Vino a la tierra sin nada y se fue sin nada. En la custodia eucarística, encontramos a aquel que creó las galaxias y así viene a nosotros, desprovisto de bienes materiales.

Y así, esta falta de bienes es solamente material, porque Jesús viene a nosotros con una gran riqueza de gracia y amor. Él ansía darnos todo lo que necesitamos, si tan solo se lo pedimos con confianza. Él desea bendecirnos con abundantes gracias, aquellas que son las verdaderas riquezas para las almas.

El materialismo y la avaricia se arrastran hasta nuestros corazones tan fácilmente. Por ello estamos llamados a seguir a Cristo en la austeridad y el desapego, dándonos generosamente a otros con todo lo que hemos recibido. Entrega, y te será entregado… más de lo que pudieras pedir o esperar.

7. La Presencia Divina.

El regalo de la Presencia Divina es el máximo regalo. Para los antiguos Israelitas no había mayor calamidad que retirarse de la Presencia Divina. De la misma manera, no existe mayor confort que la seguridad de Su Presencia.

Es lo mismo hasta el día de hoy. Si tenemos a Jesús, poseemos todas las cosas, pero sin Él, no tenemos nada. Así, no tenemos que viajar lejos para encontrar la Presencia de Cristo… Él se encuentra tan cerca como la parroquia más cercana, es el cumplimiento del antiguo “Pan de la Presencia” del templo Judío.

Su Presencia no es una abstracción o una idea, sino que es real y palpable a nuestros sentidos.

Nosotros como católicos podemos gozarnos y verdaderamente decir: “El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob”. (Salmo 46,12)

Si vamos a imitar a Cristo, debemos tener presentes a aquellos que nos necesitan. ¡Cuántos padres y esposos ausentes existen! Cuántas madres y sus hijos han sido abandonados por el hombre que fue llamado a entregar su vida por ellos.

Y tú, ¿estás presente en tu familia? ¿Tu pareja y tus hijos son tu prioridad? Si eres esposo y padre, tu presencia es un don irremplazable. Preséntate.

Entrégate al Santísimo Sacramento de la Eucaristia.

Si emulamos a Cristo en el Santísimo Sacramento de manera perfecta, nos convertiremos en santos. Pero hacer esto no es fácil. Requiere constante arrepentimiento y conversión de vida; es un apartarse del hombre viejo, y colocar al hombre nuevo. Este es nuestro llamado.

Les insto a todos a encontrar una capilla de adoración y contemplar el Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Visita a Jesús y adórale, pídele la gracia de seguirle e imitarle completamente. Vacía tu corazón en el suyo, entrégale tus esperanzas, tus miedos, tus deseos y necesidades, y escúchalo diciendo su respuesta, es decir, palabras de sacramento y salvación: “Yo estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo”.

El Santísimo Sacramento de la Eucaristía te espera con amor en el silencio. Cosas increíbles suceden cuando vas a adorar a Jesús en la Eucaristía. ÉL te ama y espera.