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¿Qué deben hacer para convertir a todos los pueblos en discípulos?

¿Cómo podemos ser continuadores de la obra de Jesús de hacer discípulos y mejorar vidas en el mundo actual?

El ministerio de Jesús en el mundo finalizó tras poco más de treinta años. Nadie antes tuvo una responsabilidad tan grande y delicada como la de Jesús. Él llevó a cabo la obra de la Redención con cuidado y elegancia, cumpliendo cada diligencia de su viaje con mesura y calma. Una vez que completó su misión, el Señor dejó este mundo para retornar a su Padre celestial.

El evangelio de Mateo relata que al ver a Jesús después de su resurrección, los discípulos se postraron ante Él, aunque algunos tenían dudas. Es difícil entender cómo puede ser posible encarnar el acto de fe por excelencia que es la postración y hacerlo con incertidumbres. Las dudas son la expresión más clara de la incredulidad. Sin embargo, esto demuestra que el encuentro con el Resucitado va acompañado de las dudas que son naturales a nuestra condición humana. A siglos de distancia, cada vez que nos postramos ante Él, lo hacemos con todas las dudas que nos asaltan.

En sus últimos segundos en la tierra como hombre, Jesús mandó a sus discípulos a ser continuadores de su obra. Les pidió que hicieran discípulos en todo el mundo, para así mostrar al mundo las palabras que tienen la capacidad de cambiar la vida. No es una cruzada o una conquista avasalladora, sino una intención de mejorar vidas a través de las palabras amables que ponen en acción y ayudan a gustar el sabor de la vida. Estas palabras cambiaron la vida de muchos.

A pesar de que Jesús físicamente ya no está presente, no dejó a sus discípulos a su suerte. Desde la Ascensión hasta nuestros días, cumple sus palabras y está con nosotros en todo momento. No estamos solos en este mundo. Todo lo que la Iglesia hace y emprende desde entonces lo hacemos con la certeza de que el Señor cumple en nosotros sus palabras. Aquí está caminando con nosotros, subiendo y bajando, cansándose y emprendiendo junto a cada bautizado que se esfuerza por hacer nuevos discípulos. Está aquí porque este es nuestro tiempo, el de la madurez cristiana, el tiempo de los laicos, el tiempo de la Iglesia.

Las siguientes preguntas pueden ayudarnos a profundizar y reflexionar sobre el tema:

1. ¿Cuál fue la obra más delicada que tuvo lugar en el mundo? La obra de la Redención cumplida por Jesús.
2. ¿Cómo es posible que los discípulos se postraran ante Él a pesar de tener dudas? El encuentro con el Resucitado está acompañado de dudas que son naturales a nuestra condición humana.
3. ¿Qué mandó Jesús a sus discípulos antes de ascender al cielo? Que fueran a todo el mundo y que por todos lados se hicieran de discípulos para el Señor.
4. ¿Qué significa la promesa de Jesús de estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo? Que Jesús no nos deja a nuestra suerte y cumple en nosotros sus palabras.
5. ¿Cuál es la intención del envío de los discípulos por todo el mundo? Mejorar vidas y mostrar al mundo las palabras que tienen la capacidad de cambiar la vida.

Con información de es.catholic.net