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¿Qué es ser santo y cómo lograrlo? Una hermosa explicación de Benedicto XVI

¿Cómo podemos llegar a ser santos en el mundo de hoy y cómo nos ayuda el Papa Emérito Benedicto XVI?

Decidir ser santos en medio del mundo contemporáneo es algo que muchos encuentran difícil de entender. Sin embargo, el Papa Emérito Benedicto XVI nos ofrece valiosos consejos que nos guían en el camino hacia la santidad en la época actual, si los seguimos con fe y devoción. ¿Quiénes pueden ser considerados santos? Aquellos que viven sus vidas con una fe increíble, sirviendo fielmente a Dios, manteniendo la esperanza a pesar de las dificultades y llevando a cabo obras de amor desinteresado a través de la oración. La Iglesia, tras un minucioso proceso de investigación, reconoce que las vidas de estas personas han alcanzado los méritos suficientes para ser consideradas santas.

Ser santo significa participar en la santidad de Dios. Es un llamado que Dios nos hace a todos, brindándonos la capacidad para alcanzar la santidad. Jesucristo vino al mundo para hacer posible nuestra santificación y, por lo tanto, el Nuevo Testamento se refiere a los seguidores de Cristo como “santos”. Esta santidad solo se alcanza mediante la práctica activa de la fe. Los santos, que ahora están en el cielo, vivieron inicialmente en la tierra y dedicaron sus vidas a la causa de Cristo.

Benedicto XVI nos ilumina con su entendimiento sobre lo que significa ser santo: “El santo es aquel que está cautivado por la belleza y la verdad perfecta de Dios, y esto gradualmente lo transforma. Está dispuesto a renunciar a todo, incluso a sí mismo, solo por el amor que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado hacia los demás”. A través del bautismo, recibimos los méritos del sacrificio de Cristo y somos liberados del pecado para ser Hijos de Dios y participar en su santidad.

La santidad no es un privilegio reservado para unos pocos elegidos, sino que es la tarea de cada cristiano y, en última instancia, de cada ser humano. Todos estamos llamados a la santidad, que consiste en vivir como hijos de Dios, reflejando la semejanza con Él para la que hemos sido creados. La santidad crece a través de la conversión, el arrepentimiento y la capacidad de reconciliación y perdón.

Para perseverar en la santidad, debemos permanecer en comunión con Cristo, quien nos salva y nos brinda la vida eterna. La exhortación de San Pablo nos recuerda que la santificación es imprescindible para poder ver al Señor. Ser santo significa vivir en la proximidad de Dios, en su familia. La vocación de cada uno de nosotros es alcanzar la santidad, confirmada por el Concilio Vaticano II.

Para ser santos, no es necesario realizar acciones extraordinarias o poseer dones excepcionales. La clave radica en escuchar a Jesús y seguirlo, enfrentando las dificultades con determinación. Confiando en Dios, afrontando las pruebas con valentía y siguiendo el ejemplo de los santos, también podemos experimentar la alegría de vivir en comunión con Él. El camino que conduce a la santidad se encuentra en las Bienaventuranzas, y acoger la propuesta de Cristo nos permite seguirlo en nuestras propias circunstancias.