Sed imitadores de Dios, como hijos queridos

Cuando en este mundo un alma ha sido consumida por el fuego divino, <br>ablandada hasta la médula y plenamente licuada, ¿qué otra cosa queda por <br>hacer sino proponerle lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le <br>agrada, lo perfecto como una fórmula de virtud a la que Así pues, en este estado del alma se le propone el mismo modelo dehumildad de Cristo. Por eso se le dice: Tened entre vosotros los sentimientospropios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde desu categoría de Dios, sino que se rebajó hasta someterse incluso a la muertey una muerte de cruz. Este es el modelo de la humildad de Cristo al que debeconformarse todo el que quiera alcanzar el grado supremo de la caridadconsumada, ya que nadie tiene amor más grande que el que da la vida porsus amigos.Por tanto, escalaron las someras cimas de la caridad y se encuentraninstalados ya en el cuarto grado de la caridad quienes están dispuestos a darla vida por los amigos y están en situación de cumplir aquello del Apóstol: Sedimitadores de Dios, como hijos queridos.En el tercer grado el alma se gloría en Dios, en el cuarto se humilla porDios. En el tercer grado se configura según el modelo de la caridad divina, enel cuarto en cambio se configura según el modelo de la humildad cristiana. Enel tercer grado en cierto modo muere en Dios, en el cuarto es como siresucitase en Cristo. Por eso, quien se encuentra en el cuarto grado puededecir con verdad: Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Este talse convierte en una criatura nueva: Lo antiguo ha pasado, lo nuevo hacomenzado. Quien ha muerto a sí mismo en el tercer grado es como si en elcuarto resucitase de entre los muertos y ya no muere más; la muerte ya notiene dominio sobre él, porque su vivir es un vivir para Dios.Así que, en este grado, el alma se hace en cierto modo inmortal eimpasible. ¿Cómo va a ser mortal si no puede morir? O ¿cómo puede morir sino es capaz de separarse de quien es la vida? De sobra sabemos de quién esesta afirmación: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. ¿Cómo, pues, va amorir el que es incapaz de separarse de él? ¿No da la impresión de ser encierto modo impasible aquel que se muestra insensible a los daños que lecausan, que se alegra ante cualquier injuria y acepta como un honor lo que sele hace con ánimo de fastidiarle, según aquella sentencia del Apóstol: Muy agusto —dice— presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí lafuerza de Cristo? Permanece en cierto modo impasible quien se complace enlos sufrimientos y los ultrajes que se le infieren por causa de Cristo.

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Carlos Posso

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