LA DIGNIDAD DEL LIBRE ALBEDRÍO

"Dios no hace acepción de personas" (Romanos 2,11).
San Juan Clímaco

Dios Nuestro Señor y Rey, que es bueno, más que bueno y enteramente bueno; tuvo por bien honrar a todas las criaturas racionales que Él creó, con la dignidad del libre albedrío. Entre estas criaturas, unas son sus amigos, otras sus fieles servidores, otras sus servidores inútiles, otras le son extrañas y otras son sus totalmente impotentes adversarios. 

Amigos de Dios, son aquellas criaturas intelectuales e incorporales que lo rodean y que moran con él.

Sus fieles servidores son aquellos que en todo, sin pereza y sin cansancio hacen su Santísima Voluntad.

 Sus servidores inútiles son aquellos que, habiendo sido lavados con el agua del Santo Bautismo, no cumplen el compromiso contraído. 

Los extraños son los apartados de Dios.

Los enemigos son los que cuya fe está plagada de errores.

Sus adversarios y enemigos, finalmente, son aquellos que, no contentos con haber sacudido de sí el yugo de la ley de Dios, persiguen con todas sus fuerzas a quienes procuran guardarla. 

Dios es la vida y la salvación de todos los seres dotados de libre albedrío; de los fieles y de los infieles, de los justos y de los pecadores, de los piadosos y de los impíos, de aquellos que están sometidos por sus pasiones y de aquellos que alcanzaron la impasibilidad, de los monjes y de los seculares, de los sabios y de los ignorantes, de los sanos y de los enfermos, de los jóvenes y de los viejos, y como la efusión de la luz, como la visión del sol, como la alternancia de las estaciones, a todos beneficia, ya que "Dios no hace acepción de personas".

San Juan Clímaco

 



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