Reflexión diaria para conocer y amar más a Dios y a nuestra Santa Iglesia

7 de enero




San Lucas 5, 12 - 16

 

Le agradecemos al Señor por el nuevo día que nos regala y le pedimos confiadamente que bendiga nuestras vidas y a nuestras familias. El evangelio en el que hoy meditamos lo tomamos del evangelista Lucas y escuchamos la curación milagrosa de un hombre que sufría la enfermedad de la lepra, esta enfermedad ha sido de las peores que ha existido y la persona que padecia de ella era menospreciado y nadie quería siquiera voltear a mirarlos, pero Jesús no es igual que los hombres que humillan a los demás, sana a este hombre y le cambia por completo la vida, Dios cambia la existencia de las personas que realmente lo buscan y quieren sentir su misericordia.

 

Fijémonos en la actitud del hombre enfermo, nos da una clase de cómo presentarnos al Señor, con humildad de alma y espíritu, el humilde es grato a los ojos de Dios, en cambio la arrogancia del hombre es algo que Él detesta, recordemos el ejemplo de los dos hombres en el templo, uno en la puerta humildemente pidiendo perdón, el otro lleno de orgullo ante el altar creyéndose más que los demás, Dios escuchaba con gusto al humilde arrepentido. Cuando oremos, cuando estemos frente al altar en nuestras parroquias, cuando nos dirijamos al Señor, hagámoslo humildemente, dándonos cuenta que ante Dios somos polvo, somos poca cosa ante su inmensa majestad, la arrogancia en la oración es motivo de que Dios se aleje y no nos escuche.

 

Por otra parte, también revisemos de qué manera le pedimos a Dios, muchas veces creemos que Dios está obligado a darnos cuanta cosa le pedimos y si no vemos lo que esperamos nos enojamos con Él como si nosotros fuéramos el todopoderoso, cuidado con pretender que se cumpla nuestra voluntad, el hombre del evangelio nos enseñó a pedir: “Señor si quieres puedes curarme”, Señor si quieres darme esta gracia, Señor si quieres hacerme este favor que pido, siempre si Él quiere, nunca si nosotros queremos, desde muy pequeño mi madre me enseñó a decir siempre: Si Dios quiere, repetir esto en cualquier asunto que emprenda o planee para la vida. Dios nunca va a querer que pasen cosas que sean malas para nuestras vidas, todo tiene un propósito y todo pasa para nuestro bien, solo confiemos en el Señor y hoy y por siempre que se haga su voluntad en todo, que se haga lo que Él quiere.

 

Feliz día para [email protected] y pidamos la protección de María Santísima, la más humilde de las mujeres que siempre espero que se hiciera lo que Dios quisiera.



Santiago Ramirez 

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