Me he hecho Hijo del hombre, para que vosotros podáis ser hijos de Dios

Cuando aplicamos toda la capacidad de nuestra inteligencia a la confesión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, hemos de alejar de nuestra imaginación las formas de las cosas visibles y las edades de las naturalezas temporales; hemos de excluir de nuestras categorías mentaleslos cuerpos delos lugares y los lugares de los cuerpos. Apártese del corazón lo que seextiende en el espacio, lo que se encierra dentro de unos límites, y lo que noestá siempre en todas partes, ni es la totalidad. Nuestros conceptos relativos ala deidad de la Trinidad han de rehuir las categorías de espacio, no debenintentar establecer gradaciones, y si envuelven algún sentimiento digno deDios, no abrigue la presunción de negarlo a alguna de las Personas, porejemplo, adscribiendo como más honorífico al Padre, lo que se niega al Hijo yal Espíritu. No es verdadera piedad preferir al que engendra sobre elUnigénito. Todo deshonor infligido al Hijo es una injuria hecha al Padre, y loque se resta a uno se sustrae a ambos. Pues siendo común al Padre y al Hijo lasempiternidad y la deidad, no se considerará al Padre ni todopoderoso niinmutable si se piensa que o bien ha engendrado un ser inferior a él, o bienque se ha enriquecido teniendo al Hijo que antes no tenía.Dice, en efecto, a sus discípulos el Señor Jesús, como hemos escuchadoen la lectura evangélica: Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre,porque el Padre es más que yo. Pero esta afirmación, quienes oyeron confrecuencia: Yo y el Padre somos uno, y: Quien me ha visto a mí ha visto alPadre, la interpretan no como una diferencia en el plano de la deidad, ni laentienden referida a aquella esencia que saben ser sempiterna con el Padre yde la misma naturaleza.Así pues, la encarnación del Verbo es señalada a los apóstoles comopromoción humana, y los que estaban turbados por el anuncio de la partidadel Señor, son incitados a los gozos eternos recordándoles el aumento de supropia gloria: Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, es decir: situvierais una idea clara de la gloria que se deriva para vosotros del hecho deque yo, engendrado de Dios Padre, haya nacido también de una madrehumana; de que siendo Señor de los seres eternos, quise ser uno de losmortales; de que siendo invisible me hice visible; de que siendo sempiternoen mi calidad de Dios asumí la condición de esclavo, os alegraríais de quevaya al Padre. Esta ascensión os será beneficiosa a vosotros, porque vuestrahumildad es elevada en mí sobre todos los cielos para ser colocada a laderecha del Padre. Y yo, que soy con el Padre lo que el Padre es en sí mismo,permanezco inseparablemente unido al que me ha engendrado; por eso no mealejo de él viniendo a vosotros, como tampoco os dejo a vosotros cuandovuelvo a Alegraos, pues, de que me vaya al Padre, porque el Padre es más queyo. Os he unido a mí y me he hecho Hijo del hombre, para que vosotrospodáis ser hijos de Dios. De donde se sigue que aunque yo continúo siendouno en ambos, no obstante, en cuanto me configuro con vosotros, soy menorque el Padre; pero en cuanto que no me separo del Padre, soy incluso mayorque yo mismo. Vaya, pues, al Padre la naturaleza que es inferior al Padre, yesté allí la carne donde siempre está el Verbo; y la única fe de la Iglesiacatólica crea igual en su deidad a quien no tiene inconveniente reconocerinferior en su humanidad.Tengamos, pues, amadísimos, por digna de desprecio la vana y ciegaastucia de la sacrílega herejía, que se lisonjea de la torcida interpretación deesta frase; pues habiendo dicho el Señor: Todo lo que tiene el Padre es mío,no comprende que quita al Padre todo cuanto se atreve a negar al Hijo, y, detal manera se extravía en lo concerniente a su humanidad, que piensa que alUnigénito le han faltado las cualidades paternas, por el mero hecho de que haasumido las nuestras. En Dios la misericordia no disminuyó el poder, ni laentrañable reconciliación de la criatura ha eclipsado su sempiterna gloria. Loque tiene el Padre lo tiene igualmente el Hijo, y lo que tiene el Padre y el Hijo,lo tiene asimismo el Espíritu Santo, porque toda la Trinidad es un solo Dios.Ahora bien, esta fe no la ha descubierto la terrena sabiduría niargumentos humanos la han demostrado, sino que la enseñó el mismoUnigénito y la ha instituido el Espíritu Santo, del que no hemos de pensardistintamente que del Padre y del Hijo. Pues aun cuando no es Padre ni esHijo, no por eso está separado del Padre y del Hijo; y lo mismo que en laTrinidad tiene su propia Persona, así también tiene en la deidad del Padre ydel Hijo una única sustancia, sustancia que todo lo llena, todo lo contiene yque, junto con el Padre y el Hijo, gobierna todo el universo. A él la gloria y elhonor por los siglos de los siglos. Amén.

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Carlos Posso

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