LOS ENEMIGOS DE JESUS

¿QUIÉNES SON HOY, ¿SEREMOS TAMBIEN TÚ Y YO?

 

 ¿Quiénes eran los enemigos de Jesús? ¿Cómo actuaban frente a Él? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Quién estaba detrás de ellos? ¿Qué les decía Jesús?

 

Cada día de la vida pública de Jesús se le unían muchas personas que lo seguían y creían en Él. Pero su predicación resultaba incómoda para algunos, como los escribas y fariseos. Muchos de ellos se convirtieron en sus enemigos que trataban de apedrearlo, inclusive de matarlo.

 

¿Por qué estas actitudes?

 

EL CONVITE DE ZAQUEO

La primera consideración ante este convite es mirar y admirar la alegría de Leví.

 

El banquete de Leví (Mt 5, 29-32)

 

Leví le ofreció un gran banquete en su casa, y con ellos se sentaron a la mesa un buen número de cobradores de impuestos y gente de toda clase. Al ver esto, los fariseos y los maestros de la Ley que eran amigos suyos expresaban su descontento en medio de los discípulos de Jesús: «¿Cómo es que ustedes comen y beben con los cobradores de impuestos y con personas malas?» Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son las personas sanas las que necesitan médico, sino las enfermas. No he venido para llamar a los buenos, sino para invitar a los pecadores a que se arrepientan.»

 

No es fácil describir lo que sintió Leví al entregarse, pero un dato revela su alegría: celebra una comida multitudinaria. "Leví le dio en su casa un gran banquete. Y asistían gran número de publicanos y otros que estaban sentados con ellos a la mesa"(Mt). Más que una comida familiar, es un gran banquete; para muchos -no para unos pocos íntimos- pues su corazón acababa de agrandarse para dar cabida al mundo entero. La alegría de Mateo es evidente, y no puede dejar de comunicarlo a todos los vientos.

 

La alegría de Leví

 

La primera consideración ante este convite es mirar y admirar la alegría de Leví. Siempre que se vive con generosidad, la alegría inunda el alma. Pero si la generosidad es una respuesta a una llamada divina, la alegría es desbordante.

 

Una alegría no comunicada a los amigos es rara, y Mateo quiere comunicar su gozo a todos. No puede callar. Quiere celebrarlo.

 

Aparece una sombra

Acudieron a la fiesta "en gran número". La procedencia de los invitados es de lo más diverso, la expectación es grande. Todos miran al Maestro que actúa con naturalidad y con afecto. Sus palabras son escuchadas con atención. Pero una sombra alteró el grato ambiente de la fiesta. La provocaron los escribas y fariseos cuando se dirigieron a los discípulos de Jesús con un escándalo, que después hemos llamado farisaico, pero que podemos llamar sencillamente hipócrita, al decirle: "¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?".

 

La respuesta parece obvia, Jesús estaba viviendo la caridad. Pero ellos buscan un obstáculo, que después surgirá con frecuencia, sale a la luz: la interpretación legalista y estrecha de la Ley iluminada, o ensombrecida, por la envidia de bajo calado. Quizá los discípulos no supieron contestar, llevaban poco tiempo con el Maestro. Y es Jesús mismo el que contesta en público a lo que decían aquellos pocos y todos pensaban diciéndoles: "Id y aprended qué significa misericordia quiero y no sacrificio. Porque no he venido a llamar justos, sino pecadores, no necesitan médico los sanos, sino los que están mal"(Mt).

 

PREGUNTAS

¿Con quién te comparas en estas actitudes varias que muestran el texto y el Evangelio?

¿Conoces gente como los fariseos y escribas en tu comunidad?

¿Tienes algo de fariseísmo en tu vida personal?

¿Cómo resolver tu pensamiento farisaico hoy en día?

 

INICIO DE LA OPOSICIÓN A JESÚS

La raíz del enfrentamiento a Cristo está en el pecado. Su actitud tiene algo de universal.

 

La oposición en Galilea y Judea

 

Los primeros meses de predicación han sido de aprobación casi general. Las multitudes le buscan. Los milagros se multiplican. Se acepta la predicación del reino. La expulsión de los mercaderes del Templo ha dado lugar a una oposición incipiente, pero pronto queda ahogada por el entusiasmo ante el nuevo profeta que va a suprimir abusos evidentes.

 

La reacción de los nazarenos “de querer despeñarle” queda silenciada por la pequeñez del lugar y su lejanía de los centros más influyentes. Pero pasado el primer entusiasmo comienza la oposición en Galilea, y después, cuando el movimiento originado por Jesús cobre importancia, pasará a Judea. En el núcleo de esta oposición estarán los fariseos. Pero la raíz es la presencia del pecado. Lo ocurrido a aquellos hombres del tiempo de Jesús es una constante de todas las épocas y momentos de la historia. Vayamos por partes.

 

Los fariseos y los escribas

 

Los sectores aristocrático y sacerdotal en la época de los Macabeos quedaron deslumbrados ante la fuerza del helenismo que pactaron con él. Pero algunos grupos populares se resistieron y se opusieron y fueron la base de la rebelión macabea. Se llamaban los piadosos (perushim) de ahí el nombre de fariseos. El nombre quiere decir “los separados”. Venían de las clases bajas y de los intelectuales (escribas), no eran sacerdotes y eran hostiles a la ocupación romana.

 

En el terreno religioso pensaban que la Ley de Moisés debía entenderse a la luz de una tradición de muchos preceptos, que formaban un muro que defendía el cumplimiento de la misma. Eran rigurosos y se consideraban defensores de la integridad de la Ley. En tiempos de Herodes los fariseos eran unos 6000; no muchos, pero formaban un clan fuertemente unido. De hecho, controlaban al pueblo con una autoridad paralela a la de los sacerdotes mucho menos numerosos. Tenían prestigio, y, con frecuencia vivían a la sombra de este prestigio.

 

Su raíz: el pecado

 

La raíz de su enfrentamiento a Cristo está en el pecado. Su actitud tiene algo de universal, y va a encontrar en Jesús un rechazo mayor que otros pecados. A primera vista, sorprende que sean la reacción más fuerte contra Jesús; la raíz de todo pecado es el orgullo, y ahí va a situarse el problema. Es fácil descubrir que muchos de los fariseos padecen en alguna medida la soberbia espiritual.

 

Ahí estará la razón de su endurecimiento ante Jesús, y de esa mala voluntad que lleva a ver con malos ojos hasta las mejores acciones. La Ley será una excusa para el enfrentamiento. No se trata de ir al fondo de la Ley moral para ver quién la cumple mejor, sino de refugiarse en legalismos y en tradiciones humanas que oscurecen la verdadera voluntad de Dios, que es el amor y la salvación de los hombres a través de su Cristo.

 

Es más fácil entender ahora la oposición de los fariseos y de tantos que se encuentran con este problema en todos los tiempos, a veces sin detectar la enfermedad.

 

En casa de Pedro

 

Veamos ahora en, cinco actos, la oposición primera a Jesús por parte de los fariseos de Galilea. Primero, en casa de Pedro, cuando critican interiormente a Jesús porque perdona los pecados a un paralítico. La crítica fue silenciosa, como un susurro entre ellos mismos. No pueden aceptar que Jesús es enviado por Dios. Su ceguera es patente ante los signos de su poder, por esto, ni siquiera un milagro les persuade de que también los pecados del paralítico han sido perdonados, con el mismo poder que tiene el que obra el milagro. Son ciegos que guían a otros ciegos, son sordos que no quieren oír.

 

La comida de Mateo

 

El siguiente acto fue el escándalo ante la asistencia de Jesús a la comida en casa de Mateo con sus amigos, y que hemos descrito, a los que consideran pecadores. No es impensable una cierta envidia ante el éxito de Jesús. La crítica sigue en el mismo Carfarnaúm poco después y se hace externa. No aprecian la conversión de un pecador y Jesús tiene que aclarar la importancia del médico para los enfermos, y la conversión para los pecadores. A los fariseos les resulta difícil la lógica de la misericordia, y siguen la del cumplimiento legal externo.

 

El ayuno

 

La oposición crece de tono por la conducta de los discípulos de Jesús en cosas que parecen triviales pero que estaban muy reguladas por las interpretaciones farisaicas se trata de la cuestión de los ayunos: "Los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando; y vinieron a decirle: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan y, en cambio, tus discípulos no ayunan?". (Lc 5, 33-39)

 

Jesús les respondió:"¿Acaso pueden ayunar los convidados a la boda, mientras el esposo está con ellos? Durante el tiempo en que tienen al esposo con ellos no pueden ayunar. Días vendrán en que el esposo les será arrebatado; entonces, en aquellos días, ayunarán. Nadie pone una pieza de paño nuevo a un vestido viejo; pues de otro modo la pieza tira de él, lo nuevo de lo viejo, y se produce un desgarrón peor. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; pues de lo contrario, el vino rompe los odres, y se pierden el vino y los odres; por eso, el vino nuevo se echa en odres nuevos" (Lc 5, 33-39).

 

El sentido del ayuno es mortificar el cuerpo como súplica a Dios. Jesús va más lejos que la mera respuesta moral y utiliza el ayuno para declarar veladamente quien es El: nada menos que el Esposo, es decir, Dios. El mismo que se manifestó como Esposo de Israel por el profeta Oseas. El escándalo es total si no se está dispuesto a creer.

 

Curaciones

Tras estas cuestiones va a surgir una mayor; al fin al cabo, los ayunos son libres y no regidos por la Ley misma. Se trata del mismo cumplimiento de la Ley en una cuestión importante el descanso del shabbat. "Un sábado pasaba el Señor por los sembrados, y sus discípulos iban delante desgranando espigas. Los fariseos le decían: Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?"  (Mc 2, 23-24)

 

Ahora es escándalo crece de tono, se trata de un verdadero pecado. Jesús defiende a sus discípulos usando la misma Escritura Y les dice: "¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando se vio necesitado, y tuvo hambre él y los que estaban con él? ¿Cómo entró en la Casa de Dios en tiempos de Abiatar, Sumo Sacerdote, y comió los panes de la proposición, que no es lícito comer más que a los sacerdotes, y los dio también a los que estaban con él?" (Mc 2, 25-26)

 

No cabe respuesta pues no se atreven a llamar pecador al mismo David y a los sacerdotes que hicieron una acción buena. Pero la enseñanza de Jesús va al fondo de la cuestión más allá de una discusión rabínica "Y les decía: El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. Por tanto, el Hijo del Hombre es señor hasta del sábado"(Mc 2, 27-28) La afirmación es escandalosa para los fariseos. Jesús se proclama Señor del Sábado, es decir a la altura de Dios mismo.

 

¿Cómo entender estas palabras? Los fariseos están perplejos y la enemistad crece. Crecerá más aún la antipatía cuando sea el mismo Cristo el que incumpla las tradiciones humanas que regulan el sábado.

 

Se trata de la curación en el día del sábado. Podía considerarse trabajo realizar una curación. Los corazones, cerrados y endurecidos, ven una ocasión más para acusarle de pecador, aunque lo realizado sea milagroso, pero, ¿qué importa? Lo importante son sus interpretaciones de la Ley, no la Ley misma; y menos el querer de Dios que se manifiesta misericordioso con el pobre y necesitado.

 

De nuevo entró en la sinagoga, donde se encontraba un hombre que tenía la mano seca. Le observaban de cerca por si lo curaba en sábado, para acusarle. Y dice al hombre que tenía la mano seca: Ponte en medio. Y les dice: ¿Es lícito en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Ellos permanecían callados.  Entonces, mirándolos con ira, entristecido por la ceguera de sus corazones, dice al hombre: Extiende tu mano. La extendió, y su mano quedó curada"(Mc 3, 1-5).

 

Evidentemente, no se trata de un despiste, ni de cazar en un descuido, sino de una cuestión suscitada por el mismo Jesús: ¿se puede hacer el bien en sábado o lo prohíben los reglamentos? ¿Es más importante la caridad o los legalismos y prescripciones humanas? Y el hombre de la mano seca extiende su mano curada a la vista de todos.

 

Los fariseos callan, pero no ceden; es más, conspiran contra Jesús. "Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, celebraron enseguida una reunión contra Él, para ver cómo perderle" (Mc 3, 6). Poco importa que los herodianos sean poco religiosos y que defiendan a Herodes, que se plegaba ante Roma para tener una parcela de poder. Lo importante era quitar de en medio a Jesús, sea como sea, poco importa si va o no contra la moral y el querer de Dios.

 

Endurecimiento del corazón

 

El fondo de la cuestión se va revelando cada vez con más claridad. Se trata de un endurecimiento de los corazones ante el anuncio de que ha llegado el Reino anunciado por los profetas; y se resisten a la conversión; ni siquiera se aceptan la realidad de los milagros que se multiplican ante sus ojos. Pero resisten al anuncio y buscan todo género de excusas para no ver que tienen ante sus ojos al mismo enviado de Dios, al Mesías; no quieren reconocerlo. Lo veremos mejor al explicar el contenido moral y religioso que Jesús anuncia. Se trata de la resistencia a creer que Jesús perdona como Dios, se declara como Esposo divino y Señor del sábado. Éste es el problema.

 

LOS PARIENTES DUDAN, LOS FARISEOS SE OPONEN

Entre los que no creen están los parientes de Jesús que al enterarse fueron a llevárselo.

 

De vuelta en Cafarnaúm

 

Después de la comida ofrecida por Simón el fariseo, Jesús vuelve a Cafarnaúm. Allí es recibido con gozo por la gente del pueblo. Los recuerdos de los milagros y de la predicación llenan los corazones de muchos. Las conversiones al nuevo camino son frecuentes, la oposición es también cada vez más frontal.

 

"Entonces llega a casa; y se vuelve a juntar la muchedumbre, de manera que no podían ni siquiera comer" (Mc 3, 20). Es posible palpar la alegría de Jesús ante aquellas multitudes; no importa que no haya tiempo para el descanso, ni casi para el alimento. Jesús se da, ve en cada uno lo que es: un alma creada por Dios para la eternidad. Y esta reacción del pueblo, va a continuar durante bastante tiempo, antes de que calen las críticas de los que no quieren creer.

 

Los parientes dudan

 

Entre los que no creen están los parientes de Jesús que "al enterarse fueron a llevárselo, porque decían que había perdido el juicio". (Mc 3, 21). Duro es sentirse incomprendido entre los seres queridos: pero los hechos son como son, ya los consideraremos más adelante.

 

Los fariseos, la oposición mayor

 

Pero la oposición mayor se encontrará entre los fariseos que habían ido a Jerusalén, habían tomado parte en la polémica sobre el sábado, y vuelven dispuestos a plantar cara. Para ello pasan de no creer, y de las críticas veladas, a denunciar que la causa de sus milagros y de su palabras es que está endemoniado. "Y los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebul, y en virtud del príncipe de los demonios arroja a los demonios". (Mc 3, 22).

 

Jesús responde

 

Jesús no rechaza la confrontación y responde con claridad. "¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido en su interior, no puede mantenerse en pie aquel reino; y si una casa está dividida en su interior, no podrá mantenerse en pie aquella casa. Y si Satanás se levanta contra sí mismo, entonces se encuentra dividido y no puede mantenerse en pie, sino que ha llegado su fin. Pues nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear sus bienes, a no ser que antes ate al fuerte; entonces podrá saquear su casa"(Mc 3, 23-27).

 

El argumento es irrefutable, pues Satanás no puede luchar contra sí mismo, y todo lo que ha hecho Jesús ha sido una lucha incesante contra el demonio y contra el pecado, contra el dolor y contra la muerte, consecuencia del pecado. La calumnia de los escribas viene de intentar explicar torcidamente lo que sólo se puede explicar como efecto del dedo de Dios. Precisamente la calumnia surgió cuando Jesús curó a un endemoniado mudo.

 

La blasfemia contra el Espíritu Santo

 

Además de la explicación de que un reino dividido no puede subsistir, Jesús añade la más honda de sus disposiciones: su mala voluntad. "Por tanto, os digo: todo pecado y blasfemia se perdonarán a los hombres; pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada. A cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el venidero".

 

"O tenéis por bueno el árbol y bueno su fruto, o declaráis malo el árbol y malo su fruto; porque por el fruto se conoce el árbol. Raza de víboras, ¿cómo podéis decir cosas buenas, siendo malos?

 

Pues de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno del buen tesoro saca cosas buenas, pero el hombre malo del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Por tus palabras, pues, serás justificado, y por tus palabras serás condenado" (Mt 12, 31-35).

 

Comienza la predicación en parábolas

 

Y, a partir de entonces Jesús predica utilizando parábolas, a causa de la mala voluntad que lleva a ver mal en el bien. Por eso no puede hablar con tanta claridad, aunque las parábolas están tan llenas de contenido. Hace ya un año que Jesús recorre los caminos de Palestina, predicando el Evangelio del Reino y confirmando su doctrina con innumerables milagros.

 

Muchos creen, otros no, y aunque las tinieblas se cierran a la luz, Jesús no quiere "quebrar la caña cascada ni apagar la mecha que aún humea"(Mt 12, 20; Is 42, 3), por eso habla del Reino de Dios con tacto y utiliza parábolas en las que, sin ocultar que está diciendo cosas nuevas incita a los oyentes a interesarse y les advierte: "¡quién tenga oídos para oír, que oiga!". (Mt 13, 43). Entenderán los que tengan un corazón dispuesto a la conversión a Dios con el rechazo del pecado, también en sus formas más sutiles.

 

LA SEÑAL DE JONÁS

Algunos de los escribas y fariseos se dirigieron a él, diciendo:

Maestro, queremos ver de ti una señal.

 

La oposición se mantiene

 

A la vuelta de la predicación por la Decápolis llegaron con las barcas a la orilla occidental, cerca de Magdala, al caserío llamado Dalmanuta. La exaltación por parte del pueblo es creciente, pero la oposición no ceja. Los fariseos opuestos a Él se unirán a los saduceos. Se fingen discípulos con deseos de conocer. Es la alianza contra el enemigo común.

 

Entre unos y otros discuten. Ven que de nada sirven los insultos ni las acusaciones descabelladas, como la de que está endemoniado. El pueblo cada vez cree más en Él, nada avanzan. Buscan una grieta y una debilidad para atacarle, y la encuentran en una petición que le hicieron fariseos y escribas a la que no ha contestado: se trata de la señal del cielo. Era una creencia apocalíptica del momento, especialmente de los fariseos, que dice que la solución de los problemas de Israel vendría del cielo, dados los fracasos históricos de arreglar las cosas de otro modo.

 

Piden una señal

 

"Entonces algunos de los escribas y fariseos se dirigieron a él, diciendo: Maestro, queremos ver de ti una señal. Él les respondió: esta generación malvada y adúltera pretende una señal, pero no se le dará otra señal que la del profeta Jonás. Pues así como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.

 

Los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación en el Juicio y la condenarán; porque se convirtieron ante la predicación de Jonás, y ved que aquí hay algo más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará contra esta generación en el Juicio y la condenará; porque vino de los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón, y ved que aquí hay algo más que Salomón.

 

Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, va errante por lugares áridos en busca de descanso, pero no lo encuentra. Entonces dice: Volveré a mi casa, de donde salí. Y al llegar la encuentra desocupada, bien barrida y en orden.

 

Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando habitan allí, con lo que la situación final de aquel hombre resulta peor que la primera. Así ocurrirá a esta generación malvada" (Mt 12, 38-42).

 

La señal de Jonás

 

Son palabras veladas y llenas de simbolismo que, a la luz de la cruz y la resurrección, tienen fácil entendimiento, pero entonces no tanto, pues ¿en qué consistía la señal de Jonás? No parece fácil saberlo. Será un signo portentoso que deslumbrará a muchos, y los que no lo acojan serán juzgados con severidad. Ellos no pueden entenderlo. Pero la señal no la ha realizado aún. Luego se puede insistir en el tema, como si les faltase esa señal para creer, o como si Jesús no pudiese realizar esa señal prometida.

 

Otra petición

 

Así piensan los fariseos, aliados con los saduceos, y repiten la petición de la señal: "Se acercaron los fariseos y saduceos y, para tentarle, le rogaron que les hiciera ver una señal del Cielo. Él les respondió: Al atardecer decís que va a hacer buen tiempo, porque está el cielo arrebolado; y de mañana, que hoy habrá tormenta, porque el cielo está rojizo y lóbrego. Así que sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir los signos de los tiempos. Esta generación malvada y adúltera pide una señal, pero no se le dará otra que la señal de Jonás. Y, dejándolos, se marchó" (Mt 16, 1-4).

 

Jesús se queja

 

Jesús vuelve a quejarse de la malicia de aquellos que preguntan sin intención de creer ni de convertirse; pero retrasa el dar esa señal de los tres días en el vientre de la ballena. Había señales por todos los lados como las del cielo que anuncian lluvia o tormenta. Estaban las profecías de Daniel, la pérdida del cetro en Judá, la decadencia de la patria, la realización de los signos proféticos, la aparición de Juan, la doctrina y los milagros de Jesús. Pero no saben ver, porque no quieren ver. Y no quieren ver porque su corazón está endurecido por el pecado.

 

Es posible intuir el dolor de Jesús que sabe bien lo que dice. Quiere que no caiga sobre ellos sangre inocente. Quiere que no se consume el gran pecado. Pero el dolor inunda su alma. Y les deja con pena por lo corrompido de su corazón.

 

La levadura

 

En estas circunstancias, les dice a los discípulos que se guarden de la malicia de los fariseos, la llama levadura, y ellos no entienden. Al explicárselo descubre la malicia del corazón torcido por la hipocresía, que desconoce el amor a Dios por encima de todas las apariencias; la astucia, el formalismo egoísta, la ambición, el placer. Peor aun cuando está revestido de religiosidad y que ataca más fuertemente a los que se proclaman más fieles a Dios que nadie.

 

"Al pasar los discípulos a la otra orilla se olvidaron de llevar panes. Jesús les dijo: Estad alerta y guardaos de la levadura de los fariseos. Pero ellos cavilaban diciendo interiormente: No hemos traído panes.

 

Conociéndolo Jesús dijo: Hombres de poca fe, ¿qué caviláis interiormente de que no habéis traído panes? ¿No entendéis todavía? ¿No os acordáis de los cinco panes para los cinco mil hombres y de cuántos cestos recogisteis; ni de los siete panes para los cuatro mil hombres y de cuántas espuertas recogisteis? ¿Cómo no entendéis que no me refería a los panes?

 

Guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos. Entonces entendieron que no se había referido a guardarse de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos" (Mt 16, 5-12).

 

COMIDA CON LOS FARISEOS QUE CONSUMA LA RUPTURA

La mayoría no acepta su mesianismo y quienes le critican tienen cada vez más adeptos.

 

Invitación de un fariseo

 

Un día, "cuando terminó de hablar, cierto fariseo le rogó que comiera en su casa. Habiendo entrado, se puso a la mesa" (Lc 11, 37). Jesús no rechaza a nadie. Había criticado, suavemente, algunas actitudes farisaicas, pero era creciente entre ellos la oposición a Jesús. La mayoría no acepta su mesianismo y quienes le critican tienen cada vez más adeptos. No pueden entender una religión tan interior y de sinceridad tan exigente.

 

Sin embargo, no hay una ruptura externa, aunque disuaden a muchos para que crean en Jesús. Fácilmente, ya que la autoridad que tenían entre el pueblo era grande, por el prestigio de cumplidores de la Ley. Hemos visto como algunos le acusan a Jesús de endemoniado y le piden una señal del cielo. El ambiente era tenso, estudian todos los gestos y palabras de Jesús. Por este, la invitación del fariseo no parece un convite guiado por el cariño, y menos por la fe.

 

Una lección

 

Nada más empezar "el fariseo se quedó extrañado al ver que Jesús no se había lavado antes de la comida". (Lc 11, 38). Este era un precepto fácil de cumplir y muy visible; pero un precepto humano, al fin. Si Jesús no lo cumple no es por inadvertencia, ni por ánimo de ir contra lo mandado; menos aún por querer ofender a Dios. Lo hace para dar una lección sobre algo importante.

 

Lo cierto es que el clima es desagradable, y Jesús no aguanta más la hipocresía, y estalla en unos lamentos que son latigazos para las conciencias encallecidas. No son maldiciones, sino llamadas fuertes a la conversión. No les han servido para convertirse las palabras dulces que les dejan insensibles, ni les sirven los continuos milagros. Necesitan una medicina fuerte.

 

La caridad debe ser siempre fuerte, y, en ocasiones, es el único remedio cuando el mal es muy hondo. Este era el caso de aquellos fariseos.

 

"Pero el Señor le dijo: Así que vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, pero vuestro interior está lleno de rapiña y maldad. ¡Insensatos!, ¿acaso quien hizo lo de fuera no ha hecho también lo de dentro? Dad, más bien, limosna de lo que guardáis dentro y así todo quedará purificado para vosotros. Pero, ¡ay de vosotros, fariseos, porque pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, pero despreciáis la justicia y el amor de Dios!

 

Esto es lo que hay que hacer sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, fariseos, porque apetecéis los primeros asientos en las sinagogas y los saludos en las plazas! ¡Ay de vosotros, que sois como sepulcros disimulados, sobre los que pasan los hombres sin saberlo!" (Lc 11, 39-44)

 

Se sienten insultados

 

Se hizo el silencio entre todos los reunidos. Se sienten insultados. No ven las palabras del Señor como una invitación a profundizar en la realidad de un legalismo sin vida; y en examinar si han introducido la hipocresía en su quehacer, o si buscaban sólo beneficios personales, lejos del amor a Dios que es el acto religioso fundamental. Debían revisar esos preceptos pequeños, por si eran realmente palabra de Dios, ley divina, o sólo interpretaciones humanas que podían ocultar lo fundamental.

 

Y, "entonces, cierto doctor de la Ley, tomando la palabra, le replica: Maestro, diciendo tales cosas, nos ofendes también a nosotros". (Lc 11, 45)

 

Muchos doctores de la Ley eran fariseos, aunque no todos. Pero el peligro parecía el mismo, o muy semejante. Jesús sigue por el camino de la denuncia profética y de la valentía y dijo: "¡Ay también de vosotros, los doctores de la Ley, porque imponéis a los hombres cargas insoportables, pero vosotros ni con un dedo las tocáis! ¡Ay de vosotros, que edificáis los sepulcros de los profetas, después que vuestros padres los mataron! (Lc 11, 46-47)

 

Así, pues, sois testigos de las obras de vuestros padres y consentís en ellas, porque ellos los mataron, y vosotros edificáis sus sepulcros. Por eso dijo la sabiduría de Dios: Les enviaré profetas y apóstoles, y matarán y perseguirán a una parte de ellos, para que se pida cuentas a esta generación de la sangre de todos los profetas, derramada desde la creación del mundo, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, asesinado entre el altar y el Templo.

 

Sí, os lo aseguro: se le pedirá cuentas a esta generación. ¡Ay de vosotros, doctores de la Ley, porque os habéis apoderado de la llave de la sabiduría!: vosotros no habéis entrado y a los que estaban para entrar se lo habéis impedido"(Lc  11, 48-52).

 

Era terrible la acusación de tener la llave de la sabiduría, utilizarla mal y cerrar de este modo la puerta del amor de Dios. Es frecuente que los intelectuales se envanezcan de lo que saben; pero es grave, cuando se trata del estudio de la Sagrada Escritura.

 

Rencor, resentimiento y furia

 

El enfrentamiento ya es directo. Podía haber sido una llamada a la conversión. Pero, de hecho, produjo rencor, resentimiento y furia. Todos los rostros están contraídos. Jesús les ama, pero, por eso mismo, tiene que decir la verdad, aunque le acarree duras persecuciones.

 

"Cuando salió de allí, los escribas y fariseos comenzaron a atacarle con vehemencia y a acosarle a preguntas sobre muchas cosas, acechándole para cazarle en alguna palabra"(Lc 11, 53-54).

 

Este es el fruto de la soberbia que no acepta la corrección ni la verdad. A partir de ese momento la oposición a Jesús, por parte de muchos fariseos y escribas, va ser frontal, cada vez más fuerte y contraria. La razón última es que no quieren convertirse. Jesús lo sabe.

 

LA RUPTURA CONSUMADA

Los escribas y los fariseos se irritan y deciden mover toda su influencia para matarle.

 

Comienza la conspiración

 

Al terminar la comida Jesús se va entristecido por la dureza de corazón de aquellos hombres importantes; no podía hacer otra cosa. La caridad exigía claridad y fortaleza. Los escribas y los fariseos se irritan y deciden mover toda su influencia para matarle. Ya no se conforman con grupos que critican más o menos solapadamente, sino que, de hecho, comienza una conspiración.

 

La hipocresía

 

Mucha gente, sin embargo, sigue y cree en Jesús que comunica sus sentimientos íntimos en aquellos momentos. "En esto, habiéndose reunido una muchedumbre de miles de personas, hasta atropellarse unos a otros, comenzó a decir en primer lugar a sus discípulos: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. (Lc 12, 1).

 

Nada hay oculto que no sea descubierto, ni secreto que no llegue a saberse. Porque cuanto hayáis dicho en la oscuridad será escuchado a la luz; cuanto hayáis hablado al oído bajo techo será pregonado sobre los terrados" (Lc 12, 2-3).

El que quiera acercarse a Dios, debe hacerlo con sinceridad, ha de huir de un alma tortuosa y complicada, y mucho menos hacer las cosas bien externamente y mal en el interior, que es lo propio del hipócrita. Dios lee en los corazones. Eso es lo que debe importar al verdadero discípulo.

 

A quien hay que tenerle miedo

 

Además deben estar vigilantes ante el escándalo porque puede matar al alma. Pero no deben perder la confianza en el Padre "A vosotros, amigos míos, os digo: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo y después de esto no pueden hacer nada más. Os enseñaré a quién habéis de temer: temed al que después de dar muerte tiene poder para arrojar en el infierno. Sí, os digo: temed a éste". (Lc 12, 4-5).

 

Muchos son los escándalos que pueden llevar al infierno, pero son especialmente malos los de aquellos que se revisten de bien y de religiosidad, pero llevan a la perdición. Es posible que Jesús pensase en aquellos momentos en los fariseos y los escribas hipócritas, y en los muchos que a lo largo de los siglos seguirían su camino.

 

Pero Dios protege a los sencillos, no hay que tener miedo. "¿No se venden cinco pajaritos por dos ases? Pues bien, ni uno sólo de ellos queda olvidado ante Dios. Aún más, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis: vosotros valéis más que muchos pajarillos" (Lc 12, 6-7).

 

La lealtad

La lealtad al Hijo debe ser parte importante de la conversión. "Os digo, pues: a todo el que me confiese ante los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará ante los ángeles de Dios. Pero el que me niegue delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios"(Lc 12, 8-9).

 

"Todo el que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, será perdonado; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no será perdonado" (Lc 12, 10).

 

La blasfemia contra el Espíritu Santo es una resistencia soberbia ante su acción, es rechazar el perdón de Dios, es no querer creer a pesar de todos los signos que llevan a ello.

 

Todo pecado, cualquier pecado puede ser perdonado si existe arrepentimiento, pecar contra el Espíritu Santo significa, precisamente, negarse al arrepentimiento, querer seguir en el fango, y pretender que no lo es, que es agua clara. Es el pecado del orgullo: el pecado más próximo al de Satanás.

 

En cambio, la valentía para confesar la fe debe superar cualquier dificultad. "Cuando os lleven a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo defenderos, o qué tenéis que decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquella hora qué es lo que hay que decir" (Lc 12, 11-12).

 

LA FIESTA DE LOS TABERNÁCULOS

La fiesta recordaba también las murmuraciones de los israelitas en el desierto.

 

Recuerdo de la peregrinación por el desierto

 

La fiesta de los Tabernáculos, o de las tiendas, era una de las tres grandes solemnidades judías, que, si no había obstáculos graves, debían acudir al Templo para celebrarla. Se recordaba la peregrinación de los hebreos por el desierto antes de su instalación en la tierra prometida, y los muchos beneficios recibidos por Dios en aquellos tiempos.

 

Se levantaban tiendas por toda la ciudad. También era la fiesta de la recolección, y se daba gracias a Dios por las cosechas. Duraba ocho días, en octubre. Era una fiesta popular, con múltiples manifestaciones alegres y gozosas, que, a menudo, acababan en excesos.

La piscina de Siloé

 

Las ceremonias religiosas eran variadas; una de ellas consistía en llevar agua de la piscina de Siloé y derramarla sobre el altar, para pedir lluvia para la cosecha del año próximo; simbolizaba también la presencia del Espíritu. Jesús aprovechará este simbolismo para mostrar su misión. También se recordaba el fuego que guió al pueblo en el desierto, y se encendían grandes hogueras en el atrio de las mujeres.

 

La fiesta recordaba también las murmuraciones de los israelitas en el desierto, cuando, asediados por la sed, dudan de Dios, pese a la protección divina experimentada hasta entonces. Tras la rebelión en Masá, Moisés, con el poder de Dios, cambia en dulces las aguas amargas. En Meribá, hace salir de la roca una fuente de agua.

 

Jesús llega sin avisar y cuestiona a sus enemigos

 

Jesús no había querido acudir a la fiesta con sus parientes, y llega sin grandes avisos, pero "mediada ya la fiesta, subió al Templo y se puso a enseñar". Su predicación es la que hemos visto anteriormente: la conversión al Reino y el modo de vivir cara a Dios, Jesús predicaba con la autoridad de siempre, pero sin el prestigio de haber estudiado en alguna de las escuelas del momento. "Los judíos quedaron admirados y comentaban: ¿Cómo sabe éste de letras sin haber estudiado?" 

 

Esta sorpresa va a ser la ocasión para declarar el origen de la doctrina y de sí mismo. "Entonces Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía sino del que me ha enviado" (Jn 7, 16). Él es el enviado con una misión más alta que la de Moisés, pero ¿cómo saber si verdaderamente es enviado de Dios, o son doctrinas suyas? Jesús les dice que tienen un testimonio interior el que deben escuchar, con esa luz interna pueden descubrir que su doctrina es origen divino. 

 

"Si alguno quiere hacer su voluntad conocerá si mi doctrina es de Dios, o si yo hablo por mí mismo. El que habla por sí mismo busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que le envió, ése es veraz y no hay injusticia en él" (Jn 7, 17-18). Jesús es sincero, y su vida es irreprochable, nadie puede acusarle de pecado, porque no lo hay, su intención es dar gloria a Dios. Los que no le querían recuerdan el episodio de la última Pascua en Jerusalén, cuando curó al paralítico en sábado, y le acusaron de pecador queriéndole matar.

 

Ante la sorpresa de los que no conocían los hechos dice Jesús "¿Acaso no os dio Moisés la Ley? Sin embargo, ninguno de vosotros cumple la Ley. ¿Por qué queréis matarme? Respondió la multitud: Estás endemoniado; ¿quién te quiere matar? Jesús les contestó: Yo hice una sola obra y todos os habéis extrañado".  (Jn 7, 19_21). Y acude a los razonamientos rabínicos que decían que realizar la circuncisión el octavo día después del nacimiento no era pecado, pues era una obra buena, ¿cómo no a ser bueno curar milagrosamente a un hombre?

 

"Puesto que os dio Moisés la circuncisión -aunque no es de Moisés sino de los Patriarcas-, incluso en sábado circuncidáis a un hombre. Si un hombre recibe la circuncisión en sábado para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿os indignáis contra mí porque he curado por completo a un hombre en sábado? No juzguéis según las apariencias, sino juzgado con recto juicio". (Jn 7, 22-24)

De nuevo la controversia

 

Y se encendió de nuevo la controversia. Sabe que los del Sanedrín han decidido matarle; pero habla con libertad en el Templo. "Entonces, algunos de Jerusalén decían: ¿No es éste el que buscan para matarle? Pues mirad cómo habla con toda libertad y nada le dicen. ¿Acaso habrán reconocido las autoridades que éste es el Cristo?" (Jn 7, 25-26). Este era el núcleo de la cuestión: si creen o no en Jesús como el Cristo.

 

Entonces, se suscita la cuestión del origen de Jesús. "Sin embargo, sabemos de dónde es éste, mientras que cuando venga el Cristo nadie conocerá de dónde es".  (Jn 7, 27). Piensan que conociendo su origen de Nazaret ya conocen todo. Desde luego ignoran que nació en Belén, pero la cuestión era más honda; se trataba del origen divino de Jesús, y aprovecha la oportunidad para aclararlo.

 

"clamó: Me conocéis y sabéis de dónde soy; en cambio, yo no he venido de mí mismo, pero el que me ha enviado, a quien vosotros no conocéis, es veraz. Yo le conozco, porque de El vengo y El mismo me ha enviado". (Jn 7, 28-29) La declaración era importante: era enviado por el Veraz, por Dios mismo.

 

Ahora era más explícito que en la ocasión anterior. No se pueden quedar indiferentes ante una declaración de este estilo. Los que no querían creer se enfurecieron y "Buscaban cómo detenerle, pero nadie le puso las manos encima porque aún no había llegado su hora"(Jn).

 

Jesús habla de su muerte

 

Los ánimos estaban divididos y "muchos de la multitud creyeron en Él y decían: Cuando venga el Cristo, ¿acaso hará más milagros que los que éste hace?". Y este entusiasmo del pueblo exasperó a sus enemigos. "Al oír los fariseos que la multitud comentaba esto de Él, los príncipes de los sacerdotes y los fariseos enviaron alguaciles para prenderlo.

 

Entonces Jesús les dijo: Aún estaré entre vosotros un poco de tiempo, luego me iré al que me ha enviado. Me buscaréis y no me encontraréis, porque donde yo estoy vosotros no podéis venir. Les está hablando de su muerte y de su resurrección, pero no pueden entenderle.

 

´Se dijeron los judíos: ¿Adónde se irá éste que no podamos encontrarle? ¿Se irá tal vez a los dispersos entre los griegos y enseñará a los griegos? ¿Qué significan estas palabras que ha dicho: Me buscaréis y no me hallaréis, y donde yo estoy vosotros no podéis venir?"(Jn). Tras esta discusión Jesús se aleja de allí.

 

"En el último día, el más solemne de la fiesta, estaba allí Jesús y clamó: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba quien cree en mí. Como dice la Escritura, brotarán de su seno ríos de agua viva"(Jn). Las celebraciones del agua dan pie a este clamor de Jesús. No les dice que vayan a las aguas, sino venid a Mí. Las aguas son bendiciones de Dios.

 

Él es la fuente de esas aguas y bendiciones. Y así como Él es enviado, también va a enviar al que fecundará a todas las tierras que no se cierren a su llamada. "Dijo esto del Espíritu que iban a recibir los que creyeran en Él, pues todavía no había sido dado el Espíritu, ya que Jesús aún no había sido glorificado"(Jn).

 

Reacciones variadas

 

Las reacciones, como siempre, fueron variadas. Muchas positivas, pues "de entre la multitud que escuchaba estas palabras, unos decían: Este es verdaderamente el profeta. Otros: Este es el Cristo". Otras negativas y contrarias pues "en cambio, otros replicaban: ¿Acaso el Cristo viene de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Cristo viene de la descendencia de David y de la ciudad de Belén de donde era David? Se produjo, pues, una disensión entre la multitud por su causa. Algunos de ellos querían prenderle, pero nadie puso las manos sobre Él"(Jn).

 

"Volvieron los alguaciles a los príncipes de los sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: ¿Por qué no lo habéis traído? Respondieron los alguaciles: Jamás habló así hombre alguno. Les replicaron entonces los fariseos: ¿También vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso alguien de las autoridades o de los fariseos ha creído en él? Pero esta gente, que desconoce la Ley, son unos malditos".

 

Germina la fe

 

Sin embargo, no pueden impedir que en su mismo ambiente empiece a germinar la fe. "Nicodemo, aquel que vino de noche a Jesús y que era uno de ellos, les dijo: ¿Es que nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle oído antes y conocer lo que ha hecho? Le respondieron: ¿También tú eres de Galilea? Investiga y te darás cuenta de que ningún profeta surge de Galilea. Y se volvió cada uno a su casa"(Jn).

 

Realmente no había respuesta para una norma tan clara de la Ley como escuchar al acusado. Pero evitan una búsqueda sincera de la verdad, porque en realidad les importa poco; sus corazones están oscurecidos.

 

JESÚS REPRENDE LA INCREDULIDAD DE LOS JUDÍOS

Eres un hombre como nosotros ¿cómo es posible que te proclames Dios?

 

Causas de la incredulidad

 

Los judíos no creen la palabra de Jesús y el testimonio interior del Padre porque su corazón está en las tinieblas del pecado. Por eso "Jesús les dijo de nuevo: Yo me voy y me buscaréis, y moriréis en vuestro pecado; a donde yo voy vosotros no podéis venir. Los judíos decían: ¿Es que se va a matar y por eso dice: A donde yo voy vosotros no podéis venir?".

 

Siempre entendiendo las cosas de arriba con una visión plana, chata, horizontal. "Y les decía: Vosotros sois de abajo; yo soy de arriba. Vosotros sois de este mundo; yo no soy de este mundo. Os he dicho que moriréis en vuestros pecados, porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados"(Jn).

 

De nuevo la fe en su divinidad cada vez más clara, Jesús no es de este mundo. Ha usado el nombre con el que Dios se reveló a Moisés para mostrar su identidad. “Yo soy el que soy” y, de nuevo, recuerda que la fe en su divinidad –cada vez más clara- no es de este mundo: es un don de Dios.

 

Perplejidad

Los judíos se quedan perplejos ante esta escalada de revelaciones y dudan, "entonces le decían: ¿Tú quién eres?" Eres un hombre como nosotros ¿cómo es posible que te proclames Dios? "Jesús les respondió: Tengo muchas cosas que hablar y juzgar de vosotros, pero el que ha enviado es veraz, y yo, lo que le he oído, eso hablo al mundo.

 

Ellos no entendieron que les hablaba del Padre". De nuevo la dificultad para entender y creer. "Díjoles, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que como el Padre me enseñó así hablo. Y el que me ha enviado está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada"(Jn).

 

Entonces Jesús pone la imagen de la serpiente elevada en el desierto por Moisés a indicación de Dios, a manera de un anuncio de su muerte salvadora en la cruz, con una obediencia que agrada al Padre por ser la reparación de la desobediencia de Adán y de los hombres pecadores. "Al decir estas cosas, muchos creyeron en Él".

 

La libertad de los hijos de Dios

 

"Decía Jesús a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros permanecéis en mi palabra, sois en verdad discípulos míos, conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres"(Jn). La libertad de los hijos de Dios, que nace de la verdad conquistada por la fe, es la libertad del amor verdadero, la vida de Dios en el alma, es una vida nueva por un don de Dios que podemos llamar gracia divina. 

 

"Le respondieron: Somos linaje de Abrahán y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haré libres? Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado, esclavo es del pecado. El esclavo no queda en casa para siempre; mientras que el hijo queda para siempre; pues, si el Hijo os librase, seréis verdaderamente libres. Yo sé que sois linaje de Abrahán y, sin embargo, buscáis darme muerte porque mi palabra no tiene cabida en vosotros".

"Yo hablo lo que vi en mi Padre, y vosotros hacéis lo que oísteis a vuestro padre. Le respondieron: Nuestro padre es Abrahám. Jesús les dijo: Si fueseis hijos de Abrahám haríais las obras de Abrahám. Pero ahora queréis matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios; Abrahám no hizo esto. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.

 

Le respondieron: Nosotros no hemos nacido de fornicación, tenemos un solo padre que es Dios. Jesús les dijo: Si Dios fuese vuestro padre, me amaríais; pues yo he salido de Dios y he venido. Yo no he salido de mí mismo sino que Él me ha enviado. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis oír mi palabra.

 

Vosotros tenéis por padre al diablo y queréis cumplir las apetencias de vuestro padre; él era homicida desde el principio, y no se mantuvo en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla la mentira, de lo suyo habla, porque es mentiroso y padre de la mentira. Sin embargo, a mí, que digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me argüirá de pecado? Si digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios escucha las palabras de Dios; por eso vosotros no las escucháis, porque no sois de Dios".

 

Estalla la violencia

 

Al oír estas verdades, los judíos se llenaron de furor, y le respondieron con un insulto: "¿No decimos bien que tú eres samaritano y estás endemoniado? Jesús respondió: Yo no estoy endemoniado, sino que honro a mi Padre; y vosotros me deshonráis a mí"(Jn). El enfrentamiento ya es abierto. Jesús aduce su sinceridad: "Yo no busco mi gloria; hay quien la busca y juzga.

 

En verdad, en verdad os dig


Keopsmxpue

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