REFLEXIÓN ESPECIAL PARA HOY JUEVES SANTO

Reflexión especial para este jueves santo - Institución de la Eucaristía en la Última Cena de Jesús con sus discípulos

Nos encontramos en esta tarde histórica y solemne para recordar aquella institución de la Eucaristía en la última cena de Nuestro Señor con sus discípulos; Cada Eucaristía es un milagro que se debe vivir como lo más sagrado que tenemos en nuestras vidas, pero la que hoy celebramos la debemos vivir como si fuera la primera, la única y la última misa de nuestras vidas. Hace más de dos mil años en una tarde como esta se reunió Jesús con sus amigos alrededor de la mesa para celebrar la Pascua y compartir el cordero pascual, hoy nos reunimos nuevamente alrededor de la mesa Eucarística, como familia, como hermanos que somos para compartir la nueva cena Pascual que nos dejó el Señor.

 

En esta Eucaristía en la que empezamos el Sagrado Triduo Pascual debe centrarse toda nuestra atención, para esto nos hemos venido preparando durante toda la Cuaresma, para que en esta tarde podamos participar santamente del recuerdo de aquella tarde de hace más de dos mil años. Los dos momentos más importantes de esta ceremonia nos deben llevar a reflexionar sobre nuestras vidas, esos momentos son: el lavatorio de los pies por parte de Jesús a sus discípulos y la institución del hermoso misterio que es la Eucaristía.

 

En primer lugar, reflexionemos sobre el acto del lavatorio de los pies y el mandamiento del amor que nos dejó Jesús. Muchas veces el Señor les había dejado claro a sus discípulos que Él había venido al mundo para servir a los pobres y a los necesitados, y en cierta ocasión les dijo que no había venido para ser servido, sino para servir. Pero los apóstoles no habían comprendido esto hasta aquel momento en que su Maestro rebajándose se puso a lavar sus pies, el Divino Señor se rebajaba a un trabajo humillante para demostrarles que no solo eran teorías lo que decía, sino que lo demostraba con la práctica. Y para terminar aquel momento les dice a ellos y a toda la Iglesia de todos los siglos: “Les he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan. Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. 

 

Lamentablemente, los cristianos no hemos cumplido este mandato ni esta enseñanza de Jesús, nos mandó a amarnos unos a otros, pero jamás ha sido así y la historia nos lo demuestra, la cantidad de guerras que han existido, los genocidios, la actual guerra entre Rusia y Ucrania, el aborto, el maltrato a los niños, ancianos y vulnerados de la sociedad, etc., todo esto nos muestra como el ser humano no ha podido comprender que está llamado a vivir en amor y paz con todo lo que hay a su alrededor, el hombre no ha entendido que la maldad y la muerte es lo que el demonio quiere que exista en el mundo porque esto mata nuestra humanidad y nos aleja de Dios.

 

Pero no nos creamos los inocentes porque no agarramos un arma y disparamos, no nos creamos santos porque no golpeamos a nadie, ni contribuimos con tanta muerte como hay actualmente. También nosotros le fallamos al Señor al no cumplir su mandato, ¿Cuántas veces hemos pasado delante de un pobre en la calle y miramos a otro lado? ¿Cuántas veces hemos visto una injusticia en la calle y nos alejamos para no meternos en problemas? 

 

Jesús nos mandó a amarnos como Él nos ha amado, pero ¿Qué es lo que hacemos, en cambio, de eso? Los esposos todos los días viven discutiendo y hasta insultándose, los hermanos pelean entre ellos y se llegan hasta a odiar, entre los propios miembros de la familia se desean el mal, no se hablan ni saludan, y en la calle es peor, maldecimos al vecino que nos desagrada, llenamos de insultos y maldiciones a todo el mundo. Tristemente, estamos llenos de odio y rabia y el mandamiento del amor se ha perdido en la historia.

 

El otro punto principal de esta tarde es el Sacramento de la Eucaristía: el regalo más maravilloso que nos ha dejado el Señor, lo más sagrado que hay en toda la tierra; La Eucaristía que se celebra en la más importante de las catedrales del mundo hasta en la capilla más escondida en una montaña es igual de sagrada, en todo lugar donde el sacerdote realice el Santo Sacrificio desciende el cielo sobre aquel lugar y los ángeles llenan el sitio mientras Cristo mismo se hace presente en las especies del pan y el vino. En este día debemos agradecerle al Señor por ese regalo de amor que nos ha dejado antes de entregarse a su pasión y muerte, la Eucaristía es el alimento de vida eterna que nos da fuerzas para seguir y resistir las embestidas de la vida.

 

Conviene que nos preguntemos ¿Qué tanta importancia tiene la Eucaristía en nuestras vidas? Muchas personas solo asisten a la misa por cumplir con el tercer mandamiento y así creer inútilmente que tienen contento a Dios. A la Eucaristía se asiste con la plena convicción que es lo más hermoso que podemos vivir en la tierra. ¿Cuántas veces hemos recibido la comunión sin estar en gracia con Dios? Comulgar en pecado grave es ofender a Dios, es pisotear la Sagrada Hostia. 

 

Tengamos siempre presente que la Eucaristía merece todo nuestro respeto, por lo tanto, hay que saber cómo vestir para ir a la Iglesia, los hombres y mujeres que asisten inadecuadamente deben entender que están ante un misterio sagrado y no en una playa o una discoteca. A la Eucaristía no se viene a criticar a los demás, a inventar chismes, se viene a estar en sintonía con el buen Dios al que debemos rendirle todos nuestros respetos y nuestra completa atención.

 

En este Jueves Santo, reflexionemos profundamente sobre estos dos aspectos de nuestra vida: el servicio y el amor a los demás y la Sagrada Eucaristía. No podemos seguir como estamos viviendo hasta ahora, no podemos continuar maldiciendo a los que no queremos, debemos tratar a todos con amor, con ese mismo amor que el Señor nos ha tratado y con el mismo servicio con el cual Él servía a todos, hoy el Señor nos dice: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”. Digámosle a Nuestro Señor: “Perdón Jesús, por no haber vivido la Eucaristía con respeto y devoción, te prometemos a partir de ahora vivir el Santo Sacrificio como si fuera la última Eucaristía de nuestras vidas”.


David Ramirez

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