11. Entrevista a los autores del libro: A Orillas del Virú. Están con nosotros Maria Elena y Pedro les preguntamos:

Gota de Rocío: En varios momentos del libro se habla de la existencia de una vida más allá de la muerte ¿Qué pensaban de esto los incaicos?

Maria Elena:

 

A veces escuchamos, como hace unos días en una televisión de España, a algunas personas, que por su edad y trayectoria vital, deben ser más cautos y precavidos, afirmar que ante la muerte solo sentían miedo, pánico. Y mejor ni pensar en la muerte aunque está realmente en el horizonte de la vida. Nadie tenía —entre los contertulios— la menor duda: tras la muerte, lo único real sería la nada. Así se enfrentaron al pensamiento de millones de personas, que a lo largo de la historia, han asegurado que lo lógico es encontrar una nueva vida. Eso es lo que pensaban los antiguos egipcios, los judíos, y en nuestro caso los incaicos. 

Todos esperaban otra vida. El problema no era su existencia, sino que cualidades tendría, aunque para todos ellos en esa nueva vida, habría justicia verdadera. En esta vida solo se castigan los crímenes, pero nunca hay una recompensa proporcionada para quien hace el bien. Se puede afirmar: la justicia brilla por su ausencia. Tiene que haber necesariamente otra vida.

Pedro:

Es un asunto parecido al que surgiría si alguien le comunica —antes de nacer— a un feto: Dentro de unos días vas a comenzar una nueva vida ¿qué te parece?. Seguro que se echaría las manos a la cabeza y se negaría a salir, de ese lugar en el que lleva nueve meses: cálido y protegido. Cuando le obligan a salir, lo hace llorando. Durante un tiempo —de niños— con facilidad lloramos recordando lo que hemos perdido, hasta que descubrimos extasiados la belleza de esta nueva vida. Lo malo es que luego no queremos abandonarla, y empezamos a llorar como los personajes del programa de televisión, que siente ya el frío en sus almas y no encuentran ningún consuelo en su oposición a Dios, pues esta negación les deja sin posibilidad de extasiarse con la belleza de la nueva vida, esa que empezará después que abandonemos la vida presente. 

Los incaicos creían firmemente en Hanan Pacha (mundo de arriba, celestial o supra-terrenal): era el mundo al que solo las personas justas podían entrar, atravesando un puente hecho de pelo, ayudado por un perro negro. Esa visión supone un premio para después de la muerte.

 



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Pedro Garcia Camona

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