Viernes 20 de enero - Segunda semana del tiempo Ordinario - Memoria de San Fabián y San Sebastián

Evangelio del día, reflexión y oración para conocer y amar más a Dios

Santo evangelio según San Marcos 3, 13 - 19

 

En aquel tiempo, Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él. E instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios: Simón, a quien puso el nombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, los hijos del trueno, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote, el que lo entregó. ✝️



Le agradecemos a Dios por el nuevo día de vida que nos regala. Hoy recordamos en la Iglesia la memoria del Papa y Mártir San Fabián y del Mártir San Sebastián. San Fabián fue elegido obispo de la Iglesia de Roma el año 236 y recibió la corona del martirio el año 250, al comienzo de la persecución de Decio, como atestigua san Cipriano; fue sepultado en las catacumbas de Calixto. Por su parte San Sebastián era soldado de la guardia del emperador, allí ayudaba en secreto a los cristianos víctimas de la maldad del emperador. Pero un día lo denunciaron ante el emperador por ser cristiano. Sebastián declaró que sería seguidor de Cristo hasta el último momento de su vida, y entonces por orden del emperador fue atravesado a flechazos. En este viernes oremos especialmente por todos los que defienden la Fe, pero encuentran el peligro y la muerte, para que, como los mártires Fabián y Sebastián, permanezcan firmes en la verdad y serenos en su confianza en Jesucristo.

 

En el evangelio de este día escuchamos el llamado de parte de Jesús a los doce discípulos. Eran muchas las personas que caminaban detrás de Jesús, ya fuera por curiosidad o porque se sentían atraídos por Jesús, pero llega el momento en que Jesús decide escoger un grupo de hombres que sean más cercanos a Él y lo ayuden en su ministerio y predicación. Entre cientos de personas el Maestro elige doce hombres y forma con ellos su grupo de amigos cercanos. No escogió a los más sabios o ricos, escogió a los que Él quiso, a hombres que de riqueza no tenían nada y de sabiduría muy poca. Este relato vocacional nos debe interpelar a todos nosotros acerca de nuestra propia vocación.

 

Cada persona bautizada fue llamada por el propio Dios, a todos el Señor nos tiene una misión, un destino, una tarea que debemos cumplir. La vocación no se refiere solo a la vida sacerdotal y religiosa, es vocación la vida en matrimonio, la vida en solitario, las distintas profesiones de la sociedad. Pero solo uno es el llamado para todos: A seguir a Jesús y dar frutos de Santidad. De todos nosotros necesita el Señor para que anunciemos su evangelio, para que le comuniquemos al mundo que tenemos un Dios que nos ama y quiere nuestra salvación. No solo el sacerdote está llamado a la predicación, todos los bautizados tenemos esa misión, el esposo y la esposa, los hijos, los hermanos deben anunciar la buena noticia del evangelio. Cualquiera que sea la profesión que tenga cada uno debe hacer que en su entorno reine la alegría de ser hijos de Dios y hermanos unos de otros. Igual que a los discípulos, hoy Jesús nos llama por nuestro propio nombre y nos invita a seguirlo y a ayudarle en la salvación de la humanidad. Él eligió a hombres imperfectos, con debilidades y tal vez con vidas pasadas no muy decentes, al Señor no le importa nuestra debilidad porque Él de esa debilidad saca la fortaleza y las virtudes. Hoy el Señor nos llama y nos hace la pregunta de si queremos seguirlo, ¿Qué le vamos a responder?.

 

Oración:

 

Amado Padre, no sabemos como agradecerte tanta bondad que tienes para con nosotros. Concédenos tu Santo Espíritu, para que volvamos a Ti con un corazón que acepta tu alianza, pactada por la sangre de Jesús; un alma, que solo quiera estar contigo, y un espíritu de predicación que, con palabras y obras, muestre la belleza del llamado de tu Hijo. Nos sigues llamando y perdón por haberte dejado en espera. Queremos darte ese Sí generoso sin titubeos, con la confianza segura de que podremos ayudar en la construcción del Reino desde el testimonio. Madre llena de ternura, intercede ante tu Hijo por nosotros. Amén


David Ramirez

40 Blog Publicaciones

Comentarios