Momento de reflexión

No sé si les ha pasado, pero como jóvenes de seguro nos encontramos con esa comunidad que nos cambió la vida en un segundo. Aquel lugar en que conocimos el amor verdadero, el amor de amores, se vuelve todo en nuestro humilde corazón.

Hermanos, acá es donde me paro a contarles este día de encuentro tan especial. La que ven en la foto soy yo, no hace mucho tiempo. Estaba recién egresada y mi mundo no se había puesto de cabeza. Pero el dieciocho de mayo del 2019, arrancamos mi familia como yo con una serie de preguntas. Qué nos identificaba, dos características positivas de nosotros, dos negativas, cómo somos, qué nos molesta o alegra y finalmente qué es lo que realmente amamos. Aprendimos mucho sobre el valor propio, la forma en que cada uno vale por lo que realmente es. Experimentando así la verdadera libertad, porque la nuestra termina donde empieza la del hermano.

Pudimos ver dentro de nosotros, ver con qué actitudes llegamos a PCC. Llamar la atención, tener que aplastar al otro, imponer nuestra verdad, ser modernos en exceso o libres, tener nuestro corazón oculto en un caparazón, entre otras cosas. Nos dimos cuenta de que así no queríamos seguir viviendo, sino tomar conciencia del resto y tratarlos con el amor, respeto que nos gustaría ser tratados. Así evaluamos la forma de conocernos a nosotros mismos y supimos por qué estábamos actuando de esa manera.

Dejamos todo en las manos de Jesús para seguir camino adelante, mar adentro. Nos miramos el alma más que las caras. Entonces entendimos todo. El hacer todo por aquel que lo es TODO. En su presencia somos tesoros valiosos, Él nos enseñó a amarnos tal cual. Porque en realidad, eso es lo que Jesús hace. No importa todo aquello con lo que cargamos día tras día, nuestras inseguridades, nuestros temores, porque al final si el Señor lo toma en sus manos te hará libre de todo ese dolor que pareciera no tener término.

¿O acaso preferimos ser enredaderas? ¿Seguir a la masa para que podamos ser aceptados? Nuestros corazones deben estar llenos, para alcanzar la plenitud. El aprendizaje constante, el camino hacia la verdadera alegría, no consiste en máscaras o cualquier tipo de falsedad. Implica que te amen por ser vos mismo, y que transmitas tu amor hacia lo que sos al resto, porque así verán en vos un hijo del Padre que te ama incondicionalmente.

Cristo quiere más que esto. Nos quiere felices, nos quiere en paz, nos quiere libres.


-Sofi.



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Sofia Rivello

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Fran Hurtado 40 w

Hola

 
 
Fran Hurtado 40 w

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